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La polémica de Calvinismo sigue vigente tanto hoy en día como en su origen en el siglo dieciséis. El impacto de esta teología dependerá del estudiante: puede ser una excusa de apatía o motivación para confrontar el pecador.  Este artículo explicará el origen y conceptos de Calvinismo para ayudar el estudiante a explicar su posición con respecto a Calvinismo y porque esta teología es tan llamativa a teólogos.

El desarrollo del calvinismo y su impacto en las misiones mundiales

Muchos cristianos hoy piensan ó declaran abiertamente que la teología no es importante ó necesaria, ó peor, creen que la teología mata el espíritu de la iglesia. Se dice que todo lo que necesitamos hacer es amar ó adorar a Jesús. Sin embargo, la mayoría de los problemas importantes en la iglesia de hoy, son resultado de la desaparición de la doctrina en el púlpito y los bancos, y su reemplazo por lo que “nos hace sentir bien” ó lo que sentimos necesario. No obstante, nuestra cosmovisión, perspectiva de Dios y fortaleza interior se edifican sobre nuestra teología, no nuestras emociones. Cada uno tiene una teología. La pregunta es: ¿nuestra teología se deriva de las Escrituras, ó de nuestra propia imaginación o filosofía?

El calvinismo es principalmente una discusión sobre la naturaleza de Dios y Su salvación ofrecida a la humanidad. De todos los temas del mundo, estos dos temas piden ser entendidos correctamente por todos los hombres. Un error aquí puede ser más que fatal.

Cuando una persona dice que es calvinista, esto puede tener una variedad de significados.

“Popular”: El calvinismo significaría que la persona cree en la seguridad eterna (“una vez salvo siempre salvo”) a diferencia de los arminianos que creen que una persona salva puede perder su salvación.

“Amplio”[1] : Va un poco más profundo y puede expresar el supuesto significado del “TULIPÁN o TULIP”, por lo general siendo capaces de declarar cuantos de los 5 puntos del calvinismo ellos creen. Es amplio porque las interpretaciones de los puntos del calvinismo son estiradas para acomodarse a diferentes teologías o interpretaciones. Por ejemplo, la Depravación Total es vista como la perdición del hombre, antes que que la incapacidad total de hombre de responder al Evangelio o de buscar a Dios. La perseverancia de los santos es interpretada como preservación o seguridad de los Santos. Esto permite a la persona declarar que él es calvinista de 2 puntos o de 3 puntos, sin perder su credibilidad como un no calvinista, o no arminiano. Sin embargo, estos puntos enseñan una doctrina completamente diferente de la que los calvinistas moderados quieren creer. Charles Hodge da este resumen introductorio del calvinismo:

“Tal es el gran esquema de doctrina conocido en la historia como paulino, agustiniano, o calvinista, enseñado, como creemos, en las Escrituras, desarrollado por Agustín, formalmente sancionado por la Iglesia Latina, adherido por los testigos de la verdad durante la  Edad Media, repudiado por la iglesia de Roma en el Concilio de Trento, revivido en la  iglesia por los jansenistas, adoptado por todos los reformadores, incorporado a los credos protestantes de las iglesias de Suiza, del Palatinado, de Francia, Holanda, Inglaterra, Escocia, y desplegado en los Estándares enmarcados por la Asamblea de Westminster, representante común de los presbiterianos en Europa y Estados Unidos. Es un hecho histórico que este esquema de doctrina ha sido el poder movilizador en la iglesia; que en gran parte a el debe ser atribuído el vigor intelectual y la vida espiritual de los héroes y confesores que se levantaron en el curso de los años; y que ha sido la fructífera fuente de buenas obras, de libertad civil y religiosa, y de progreso humano”. (Hodge, 1992, pág. 333).

 Primero veremos el trasfondo histórico del calvinismo y del arminianismo y como ellos se  desarrollaron en movimientos modernos; en segundo lugar, definiremos el significado de los términos usados en el calvinismo con una crítica bíblica; en tercer lugar, veremos la amplia gama de visiones variantes del calvinismo; y en cuarto lugar, describiremos el impacto en los movimientos contemporáneos y en las misiones.

Trasfondo histórico Agustín y Pelagio

Agustín de Hipona (354-430 AC) fue Obispo de Hipona en la costa de Argelia. Él fue un filósofo y teólogo, que formuló la mayor parte de las doctrinas católicas, sobre todo el concepto de la Iglesia Católica como la Ciudad de Dios y una teología determinista. Agustín fue Maniqueo antes de hacerse cristiano. Esto era una religión gnóstica dualista que pudo haber afectado algo de la teología posterior de Agustín: es decir, la separación de grupos en elegidos, oyentes y pecadores, y los conceptos ascéticos contra la carne y la actividad sexual. Su opinión sobre el pecado original contra el concepto de los pelagianos[2] acerca de la libre elección del hombre fue bruscamente impugnado por La Iglesia Oriental, de forma tal que las opiniones de Agustín fueron la clave de la división teológica entre la Iglesia Católica Oriental y la Occidental.

El pelagianismo renació como el humanismo en el Renacimiento e influyó en el arminianismo y el liberalismo moderno. Aunque condenado por la Iglesia Primitiva, sus pensamientos seminales continúan. El semipelagianismo aceptó la depravación del hombre a partir de la caída de Adán, pero cree que el hombre retuvo su libre albedrío como portador de la imagen de su Creador. Los pecadores sólo pueden venir a Dios si la gracia de Dios obra en sus vidas, pero aquella gracia no siempre es eficaz. La voluntad del hombre ejercida en fe debe cooperar con la gracia de Dios para traer salvación.

La disputa se encarniza en los círculos teológicos. El lado agustino/calvinista afirma que los puntos de vista de Pelagio son abrazados por el evangelicalismo moderno el cual denuncia al Humanismo como el enemigo del cristianismo, pero a la vez se adhiere a una visión “humanista” del libre albedrío del hombre.

Los distintivos doctrinales católicos que vienen de los escritos de Agustín incluyen lo siguiente:

  • Sexualidad suprimida en el matrimonio limitando las relaciones sexuales al mínimo
  • Negación de la salvación a cualquiera que no esté en la Iglesia Católica
  • Criminalización y represión estatal de aquellos que no estén en la Iglesia Católica
  • Persecución para obligar a la gente a unirse a la Iglesia Católica
  • Condenación eterna de infantes no bautizados
  • Regeneración bautismal, limitando la salvación a los bautizados en la Iglesia Católica
  • Veneración de reliquias
  • Impecabilidad y virginidad perpetua de María
  • Sacerdotalismo (atribución de poderes sobrenaturales al sacerdocio)
  • Sacramentalismo (ritos religiosos considerados como canales de gracia, y necesarios para la salvación) (Bentley-Taylor:1998, pág.232)

La integración por parte de Agustín de la filosofía griega en el cristianismo moldearía el pensamiento de la Iglesia Occidental durante los siguientes mil de años hasta que Tomás de Aquino la llevaría a otro nivel. Su influencia en Lutero, Calvino y el mundo protestante no tiene par.

 La Reforma y el desarrollo del calvinismo

Martín Lutero (1483-1546) fue un monje agustino alemán, teólogo y profesor universitario que vino a ser un reformador de la iglesia y fundador de la iglesia protestante que tomó su nombre. Dos factores motivaron la necesidad de Lutero de una reforma: (1) su estudio en el libro de Romanos para una serie de predicaciones le llevó a la convicción de que la justicia de Dios es otorgada por Dios gratuitamente por la fe y (2) la corrupción que resultó de la venta de indulgencias para levantar el dinero para construcción de la Basílica de San Pedro en Roma.

La Iglesia Romana enseñó que la fe sola no podía justificar a una persona, pero que la caridad y las buenas obras juntas eran necesarias para justificar al pecador. Estas buenas obras podrían ser obtenidas por la donación de dinero a la iglesia. La ofensiva del sacerdote dominicano Johann Tetzel que era encargado de recaudar fondos para la Basílica, dijo: “Tan pronto como la moneda en el cofre suena, el alma del purgatorio sale”, esto incitó a Lutero a escribir una protesta formal en la forma de 95 Tesis.

Éstas fueron audazmente clavadas en la puerta de la iglesia en Wittenberg. Dentro de unos pocos meses en 1517 las 95 Tesis de Lutero habían sido reproducidas por la imprenta recién inventada y distribuidas en todas partes Europa. La Reforma protestante había estallado.

Lutero había llegado a descubrir en cuanto a la referencia bíblica de la justicia de Dios, que si bien era el estándar de Dios para la aceptación y que el hombre pecador no podía obtenerla en toda su pureza, no había una ira severa y castigadora esperando al pecador. Antes bien, Dios ofrecía gratuitamente Su propia justicia al pecador que no la merece, si éste la recibía como un regalo por la fe y sin ninguna dependencia en méritos personales. Esta verdad cambiaría para siempre al Cristianismo.

Martin Lutero hizo su gran descubrimiento de que la justificación era sólo por fe. Mientras que Agustín había sostenido que la justificación era un proceso que continuaba a lo largo de la vida del creyente, Lutero se dio cuenta que la justificación era un evento antes que un proceso. Para Lutero el pecador era declarado justo por Dios en el momento en que ponía su fe en Cristo. El Concilio de Trento, formado en 1545, reafirmó la idea agustiniana de que la justificación era un proceso de renovación dentro de la naturaleza humana, una regeneración en curso. “Para Lutero, la verdad central del evangelio era la realidad de la salvación personal como una posesión presente y segura a partir del momento de creer. El estado del creyente ante Dios había cambiado de ser ‘condenado’ a ser ‘justificado’. Esta justificación era completamente por Su gracia y apropiada por la fe, sin la mediación de la iglesia o los sacramentos. Lutero continuó desafiando la validez entera de la teología sacramental” (Parkinson, 1999, p. 46).

Juan Calvino (1509-1564 d. C.) fue un teólogo protestante francés que estudió Derecho graduándose en 1532 y es considerado un reformador de la segunda generación aunque la sistematización de sus creencias, Los Institutos de la Religión Cristiana, fueron publicados por primera vez en Basilea en 1536, apenas 20 años después que las 95 Tesis de Lutero fueron clavadas en la puerta de la iglesia en Wittenberg. “El axioma del evangelio para Lutero fue que la justificación era por gracia; el tema dominante para los reformadores posteriores fue que la elección era por gracia. Este cambio de énfasis comenzó con Juan Calvino de Ginebra” (Parkinson, 1999, pág. 47).

Calvino enseñó que era la doctrina de la predestinación la que explica por qué unos responden al evangelio y otros no. Sólo Dios podía ser la causa de la respuesta humana. Sin embargo,

La Biblia no da la respuesta a aquella pregunta. Debemos reconocer que la cuestión nos lleva más allá de lo que las Escrituras revelan y ciertamente más allá de la imaginación humana. “Nosotros no podemos explicar por qué ciertos individuos creen mientras que otros no lo hacen, y tampoco lo necesitamos. Debemos dejar la respuesta a Dios. La salvación es del Señor, y hay profundidades que no podemos comprender. Calvino estaba equivocado al enseñar que era la función de la doctrina de la predestinación explicar el misterio de las diferentes respuestas de los hombres…. Las opiniones de Calvino sobre la predestinación y elección eran mas bien agustinianas que bíblicas” (Parkinson, 1999, pág. 48).

Ejemplos de ideas de Calvino que estaban en gran parte bajo la influencia de Agustín:

  • Doble predestinación absoluta de todos los hombres desde la eternidad (unos para salvación y  otros para reprobación y condenación).
  • Elección, con el significado de ser la selección de los pecadores para salvación o perdición.
  • Gracia, con el significado de ser el regalo irresistible para el pecador electo de la regeneración y luego la fe.
  • Amilenialismo, una espiritualización/alegorización y negación del reinado literal, terrenal y milenial de Cristo en Su segunda venida.

Bautismo Infantil y Teología del Pacto

Quizás uno de los contribuyentes principales a la creación de un cristianismo nominal era el concepto de Pacto. A causa del fracaso de distinguir entre Israel y la Iglesia y de igualar la circuncisión con el bautismo, Calvino interpretó que el pacto del Antiguo Testamento con Israel se continuaba con la iglesia. Así Dios hizo un pacto o promesa a los nuevos creyentes de que sus familias serían salvas, tomando Hechos 16:31 como una promesa clave: “serás salvo tú y tu casa”. Para Calvino esto fue la doctrina fundacional para el bautismo infantil, y así su principal argumento contra los anabautistas.[3]  Los Niños son bautizados en el momento del nacimiento para hacerlos parte del Pacto, tal como los judíos circuncidaron a sus varones para hacerlos parte del pueblo del Pacto. Sin embargo, Calvino enseñó que esta promesa era una obligación para que Dios traiga a los hijos de los creyentes a la salvación, así como los padres.

Calvino dedujo que, dado que el Pacto es esencialmente el mismo en el Antiguo y el Nuevo Testamento, si sigue, entonces los hijos del Nuevo Testamento, así como aquellos en el Antiguo Testamento deberían recibir el sacramento que marca su aceptación en ese pacto. Para Calvino, la excepción de la regla es la conversión de una persona no alcanzada, como los tres mil en el Día de Pentecostés o el Etíope. Estos fueron considerados excepciones como los prosélitos al judaísmo en el Antiguo Testamento. Juan Parkinson cita de “Tratados contra los Anabautistas y los Libertinos” de Calvino (pág.46):

“Pero debemos notar ahora esto, cuando un hombre es recibido por Dios en la comunión de                                 los fieles, la promesa de la salvación que se da a él no es para él solo sino también para sus hijos. Porque se le dice a él: Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.” (Gn. 17:7). Por lo tanto el hombre que no ha sido recibido en el pacto de Dios desde su infancia es como un extraño para la iglesia hasta cuando él sea llevado a la fe y arrepentimiento por la doctrina de la salvación. Pero entonces su posteridad también es hecha parte de la familia de la iglesia. Y por esta razón, los niños de los creyentes son bautizados en virtud de este pacto hecho con los padres en su nombre y a beneficio de ellos” (Parkinson, 1999, pág. 49).

Calvino siguió a Agustín en su fracaso de distinguir entre Israel y la iglesia, entre la circuncisión y el bautismo. El resultado de esta enseñanza dejó una incontable cantidad de gente presumiendo que son salvos porque les dijeron que ellos eran parte de la promesa del pacto hecha a algún antepasado que supuestamente aceptó a Cristo y se integró a la iglesia. Muchos países del mundo tienen poblaciones “cristianas” grandes, pero ellos generalmente tienen poco o ningún entendimiento del Evangelio en el día de hoy.

Desarrollo temprano del calvinismo

Calvino estuvo involucrado en el movimiento protestante francés hasta que fue amenazado por la persecución, entonces él huyó a Ginebra, Suiza. El entusiasmo por este enfoque intelectual para explicar el evangelio llevó a un instituto en Ginebra que también sirvió de refugio para los reformadores perseguidos de Francia, Inglaterra, Italia, Escocia, etc. Una vez entrenados en el enfoque del silogismo lógico-deductivo para explicar el calvinismo, el cual era difícil de derrotar, los graduados estaban ansiosos por volver a sus países para conducir los movimientos calvinistas y plantar iglesias. La apelación a la razón encontró un buen recibimiento en contra de la religión mística tradicional basada en obras del Catolicismo.

Cuando Calvino murió en 1564 su sucesor como el director de la Academia de Genova fue Theodore Beza (1519-1605), un teólogo protestante francés y profesor de griego. “Fue Beza el responsable de reposicionar la predestinación en el centro del sistema teológico más tarde conocido como calvinismo. De particular interés es la nueva metodología que Beza adoptó para formular y defender su sistema… Por su nueva metodología ellos se volvieron, no a las Escrituras, sino a Aristóteles” (Parkinson, 1999, pág. 50).

Alister McGrath en La Vida de Juan Calvino, describió las cuatro características del nuevo enfoque de Calvino: “Primero, la teología cristiana es presentada como un sistema racionalmente coherente y defendible, derivado de deducciones silogísticas basadas en axiomas conocidos. En segundo lugar, se le adjudica a la razón humana un papel fundamental en la exploración y defensa de la teología cristiana. En tercer lugar, se considera a la teología como fundada sobre la base de la filosofía aristotélica, y particularmente sobre las perspectivas aristotélicas en la naturaleza del método; más tarde los escritores reformados son mejor descriptos como filósofos, más que teólogos bíblicos. En cuarto lugar, la teología está preocupada con preguntas metafísicas y especulativas, sobre todo relacionadas con la naturaleza de Dios, su voluntad para la humanidad y la creación, y sobre todo la doctrina de la predestinación” (McGrath, 1993, pág. 213). Esta adopción de lógica deductiva y razonamiento encadenado resultó en conclusiones que fueron más allá lo que las Escrituras realmente dicen.

Misiones tempranas de los calvinistas

Algunos han objetado la comprensión que Calvino tenía de las misiones diciendo que Calvino creía que la Gran Comisión (Mt.28:18-20) estaba ligada solo a los apóstoles del primer siglo, haciendo las misiones, innecesarias para las generaciones futuras (Tucker, 1983, p. 67). J. Van den Berg explicó este punto de vista desde el debate histórico en el que Calvino estaba implicado en contra de la doctrina católica de la sucesión apostólica. Él quiso mostrar que el Apostolado terminó con los doce apóstoles, pero no  la actividad misionera (Van den Berg, 1950, p. 178). Ruth Tucker escribe en su historia de las misiones cristianas que la doctrina de la predestinación enseñada por los calvinistas “hizo de las misiones algo extraño si Dios había ya elegido a aquellos a quienes él salvaría.” Sin embargo, según Calvino, esta objeción olvida la doctrina de la palabra predicada. Calvino insistió que Dios usa la predicación del evangelio por medio de hombres para traer a la gente a la fe (Tucker, 1983, p. 67). Un área donde las misiones de los calvinistas sobrevivieron estaba en Hungría. Charles Edwards describió la persecución contra la reforma calvinista durante el siglo diecisiete por la Contra reforma, pero ellos sobrevivieron hasta hoy, dos tercios de las iglesias evangélicas son calvinistas en su origen (Edwards, 1936, p. 47).

En 1544, Calvino envió al primer misionero reformado a los Países Bajos. Pierre Brully trabajó para establecer una iglesia Reformada allí, pero fue martirizado después de sólo tres meses. luteranos y anabautistas habían visto a algunos conversos entre1520 y 1530, pero los calvinistas prevalecieron, posiblemente debido a la forma calvinista de gobierno y disciplina de la iglesia (Laman, 1989, p. 59). En una era de política de iglesia-estado, el “trabajo misionero” era ganar el poder político para tener la autoridad para el control interno, y poder externo para evitar las represalias del catolicismo. La traducción de la Biblia por los Protestantes en varias lenguas nacionales fue un factor clave, porque la Iglesia Católica siguió insistiendo que todo en la iglesia debía estar en latín. Gordon Laman en Reform Review describió el trabajo temprano de Adriano Saravia (1513-1613) quién escribió una perspectiva reformada en misionología. Él habló en contra del concepto prevaleciente de que la Gran Comisión había terminado con los Apóstoles. Según Laman, misioneros fueron enviados a la India desde los Países Bajos casi doscientos años antes de que Carey escribiera su Indagación en 1792, aunque tengamos pocas evidencias de estos misioneros. El trabajo de Saravia también influyó en los primeros puritanos en Estados Unidos, como John Eliot, quién ministró a los indios norteamericanos en Nueva Inglaterra durante el siglo diecisiete (Laman, 1989, pps 62-63).

Kenneth Scott Latourette describe a Juan Lasco que volvió a Polonia en 1557, donde él pasó los últimos tres a cuatro años finales de su vida “en una campaña evangélica para crear una iglesia evangélica adecuada en Polonia. Lasco fue el reformador principal en Polonia. Él era originalmente un sacerdote y amigo de Erasmo antes de emprender la tarea de fomentar la Reforma en varios países, incluso Inglaterra y Alemania. Después de su regreso, él se ocupó en “predicando, manteniendo sínodos, estimulando la traducción de la Biblia al polaco, y buscando traer las variedades del protestantismo a una estructura eclesiástica.” (Latourette, 1975, pps 793-794).

Mucho se ha hecho de la misión de los primeros calvinistas en Sudamérica, pero fue breve, mal planeada, aunque una noble tentativa en las misiones mundiales. Los protestantes fueron enormemente estorbados en todo intento de llevar el evangelio al extranjero. Antes de 1588 (cuando la Armada Española fue derrotada) los españoles y los portugueses (países católicos) controlaron las rutas marítimas (Edwards, 1936, p. 47). Un grupo de hugonotes franceses [4]  (la Iglesia Reformada Protestante de Francia) el 10 de noviembre de 1555, alzó velas y después de cuatro meses, llegaron a Río de Janeiro. Después de la llegada del almirante francés Villegagnon a Brasil, él devolvió la palabra a la petición de Coligny de refuerzos para protección contra los portugueses y por ministros para evangelizar a los indios Tupinamba. Coligny estaba demasiado contento de responder a su solicitud. Él escribió a Calvino sobre el asunto, y según Baez-Camargo, Calvino “vio una maravillosa oportunidad aquí para la extensión de  La Iglesia de Ginebra, y entonces él tomó medidas inmediatamente para organizar una fuerza misionera.” Dos pastores y once laicos se ofrecieron para la misión. Ellos salieron de Ginebra en septiembre de 1556 y desembarcaron en el Fuerte Coligny (en Río de Janeiro) en marzo de 1557 (Beaver, 1967, p. 14).

El Papa había dividido el Nuevo Mundo entre españoles y portugueses. Los franceses desafiaron al Papa en este asunto enviando barcos ellos mismos al Nuevo Mundo. Puesto que                                                      estos países eran católicos, no permitieron a misioneros Protestantes navegar al extranjero con el evangelio (Beaver, 1967, p. 15).

Después de menos de un año en Brasil, en enero de 1558, los misioneros se hicieron a la mar para regresar a casa. Cuando el barco comenzó a zarpar, entonces cinco de los hombres de Ginebra decidieron volver a la misión. El Almirante Villegagnon al principio les dio la bienvenida, pero después tuvo sospechas. Él exigió una declaración de fe de los calvinistas Genoveses. Cuando él recibió la declaración, tres de los cinco hombres fueron estrangulados y lanzados al océano (los otros dos fueron perdonados porque Villegagnon necesitó a un sastre y un cuchillero). Villegagnon más tarde volvió a Francia por refuerzos, y en 1560, los portugueses atacaron y destruyeron la fortaleza, y la colonia francesa fue terminada (Beaver, 1967, p. 20). Una isla cerca de la Bahía Guanabara en Río de Janeiro, Brasil, es llamada Isla Villegagnon.

Surge una pregunta en cuanto a los motivos de estos primeros esfuerzos “misioneros”. ¿En verdad ellos buscaban evangelizar a la gente perdida o querían convencer intelectualmente a la gente con el nuevo pensamiento del calvinismo?. “El Registro de la Compañía de Pastores menciona a 88 hombres a quienes enviaron desde Ginebra entre 1555 y 1562 …Ha sido determinado de otras fuentes que no menos de142 misioneros fueron enviados desde Ginebra (una ciudad de 20.000 habitantes) solo en 1561.” (Hughes, 1966, p. 20). En general ellos eran refugiados que habían huido de la persecución cuando vinieron a Ginebra. Entonces después de recibir capacitación en el calvinismo en el Instituto de Ginebra, ellos quisieron regresar con esta enseñanza, a pesar de los riesgos implicados.

Después de que las primeras iglesias bautistas comenzaron a extenderse desde los Países Bajos de nuevo a Inglaterra y a las Nuevas Colonias, los conflictos con los calvinistas reformados fueron inevitables. El calvinismo clásico del siglo dieciséis abogó por doctrinas inaceptables para los bautistas: el bautismo de bebés, sacramentos como medios para obtener gracia y una visión amilenial del fin del mundo, entre otras doctrinas. Yarnell dijo en Calvinismo: Una Causa de Alegría, una Causa de Preocupación que el calvinismo del siglo dieciseis rechazaría el énfasis de los Bautistas en el bautismo de adultos y ser nacido de nuevo, y estaría incómodo con los evangélicos que hablan de una “relación personal” con Jesucristo (Dockery, 2007). Desde el principio había una definición diferente del evangelismo misionero .

En primer lugar, es peligroso lo que el calvinismo puede hacer al evangelismo y a las misiones. El calvinismo ha debilitado los esfuerzos misioneros y evangelísticos, sobre todo el hipercalvinismo, que es simplemente la implicación lógica de esta teología. En última instancia fue desafiado y vencido a finales del siglo dieciocho por Andrew Fuller, William Carey, John Suttcliffe y otros. Estos hombres y sus colegas rechazaron lo que ellos llamaron “el falso calvinismo” y regresaron al calvinismo evangélico (lo que ellos llamaron “calvinismo verdadero o estricto”) de sus antepasados Bautistas Particulares. Esta teología reformada revitalizada dió a luz al movimiento misionero moderno con la formación de la Sociedad Misionera Bautista Particular en 1792 (Ascol, 2007).

Históricamente, en Inglaterra alrededor de 1790, Dios había puesto en el corazón de un zapatero joven, el intentar cumplir la Gran Comisión. Su nombre, por supuesto era Guillermo Carey. Y Guillermo Carey propuso en una reunión de una asociación pastoral que ellos debían llevar el evangelio a los paganos. Él quería ir a la India. Y un Bautista prominente llamado John Rylands Sr., le dijo: “Joven usted es sólo un entusiasta juvenil. Siéntese. Si Dios quiere convertir a los paganos, Él lo hará sin usted y sin mí.”

John Rylands fue un calvinista, y esto era principalmente el calvinismo tradicional tal como existía en los presbiterianos, congregacionalistas, reformados, y algo infiltrado también en las iglesias bautistas a finales del siglo 18 en Europa. Roy Fish escribió, “el movimiento misionero moderno entero podría haberse echado a perder si Carey hubiese escuchado a John Rylands. Pero Carey rechazó quedarse sentado, porque se dio cuenta que Dios no convertiría al pagano sin usted y sin mí, que ellos tienen que oír el evangelio, y que alguien tiene que llevarles el mensaje” (Fish, 1997).

Wesley y el arminianismo

Como a menudo sucede en la Historia de la Iglesia, puntos de vista extremos provocan respuestas extremas. Beza, con la renovación de las opiniones agustinas sobre predestinación y expiación limitada causó divisiones dentro del calvinismo. Jacobo Arminio (1560-1609) se opuso al enfoque de Beza de la teología. El calvinista declaró que Dios arbitrariamente eligió a ciertos pecadores para la salvación, preconociéndolos en el sentido de preordenar irresistiblemente su arrepentimiento y fe. Arminio tomó el punto de vista que declara que Dios previó quién se arrepentiría y creería libremente, entonces eligiéndolos consiguientemente.                                                  Tanto calvinistas como arminianos igualaron la elección con la salvación: los calvinistas vieron la elección para salvación como algo incondicional y proveniente de la elección soberana de Dios en su totalidad; mientras que Arminio vió la elección de Dios para salvación condicionada a la decisión del individuo. La elección, tan crítica para la comprensión de ambos sistemas teológicos y soteriológicos fue mal entendida, ya que tiene un objetivo completamente diferente en la Escritura, como será mostrado más tarde.                                                                                                                                 La crítica de Arminio al calvinismo era principalmente sobre la base de la hermenéutica, el método calvinista de interpretar la Biblia era defectuoso en que fue principalmente una       metodología deductiva basada en silogismos.

“Para Arminio, la aproximación de Beza a la teología por medio de la predestinación es el                resultado de la aplicación del método deductivo y sintético; el método teológico correcto,       él dice, es el inductivo y analítico… Bajo la influencia de Beza, la lógica silogística   aristotélica  vino a ser un componente esencial en el plan de estudios de la Academia de       Genova” (McGrath,1993, p. 216)

Lamentablemente, Arminio exageró su concepto del libre albedrío del hombre resultando en al menos dos errores principales: en primer lugar, él declaró que el libre albedrío del hombre no está afectado por el pecado de Adán, por lo tanto él es libre de elegir a Cristo completamente en su propia voluntad o bajo la gracia provista que trabaja para atraer el pecador a Cristo; en segundo lugar, este libre albedrío de alguien para elegir tener a Cristo en su vida, sigue siendo libre para elegir abandonar a Cristo después de la salvación, resultando de este modo en la pérdida de la salvación de alguien. La controversia se hizo tan grande que el Sínodo de Dort fue convocado en 1618-1619 para conciliar las diferencias. La decisión final fue una confirmación de la posición de los calvinistas sobre los seguidores de Arminio ¡a quienes nunca se les permitió tomar asientos en el Sínodo! La defensa del calvinismo fue con cinco puntos de argumentación o axiomas, que se harían conocidos como las “doctrinas de la gracia,” “soberanía agustiniana de Dios”, o el “TULIP” [acrónimo en Inglés para tulipán]:

Total depravity (Depravación total)

Unconditional election (Elección incondicional)

Limited atonement (Expiación limitada)

Irresistible grace (Gracia irresistible)

Perseverance of the saints (Perseverancia de los santos)

Después de Sínodo de Dort el calvinismo de cinco puntos definió los Canones de Dort, y vino a ser la línea divisoria de aguas de la ortodoxia. Algo menos o diferente fue sospechado de herejía.  La Confesión  de Fe de Westminster (1648) vino a ser la doctrina autoritativa para los  presbiterianos, Bautistas y Anglicanos.[5]

La teología agustiniana de los decretos de Dios se convirtió en el corazón de la Reforma protestante como se citó en la Confesión de Westminster, capítulo 3, párrafos III y IV: “Según el decreto de Dios, para la manifestación de Su gloria, algunos hombres y ángeles son predestinados a la vida eterna y otros preordenados a muerte eterna. Estos ángeles y hombres, así designados, y su número tan cierto y definido, que no puede ser aumentado ó disminuido.”

Bautistas generales, regulares ó particulares

Algunas definiciones de distintos movimientos dentro del movimiento bautista general se distinguen en gran parte por su visión del calvinismo.

Los Bautistas Generales creen en una expiación general. Este punto de vista sostiene que la muerte de Cristo hizo la salvación disponible para cualquiera que voluntariamente ejerciese fe en Cristo. Muchas de estas iglesias eran arminianas en teología y enseñaron que una persona puede caer de la gracia. Algunos de los primeros bautistas ingleses bajo Thomas Helwys y John Smyth siguieron esta teología. Después de huir de la persecución a los Países Bajos en 1607 se encontraron con algunos anabaptistas que los convencieron de bautizar a los creyentes, por lo que en 1609 se formó la primera iglesia bautista. En 1611 Helwys y Smyth llevaron a un grupo pequeño de vuelta a Inglaterra para iniciar la primera iglesia bautista general en Inglaterra. Algunas de estas iglesias se movieron hacia el liberalismo y el unitarianismo. El Gran Despertar de mediados del siglo 18 trajo un avivamiento a los bautistas generales, mientras que la mayoría de los bautistas particulares (calvinistas) se mostraron escépticos del arminianismo de Wesley. En los Estados Unidos los bautistas generales fueron absorbidos por los bautistas regulares, con algunos remanentes que formaron los bautistas del libre albedrío en Carolina del Norte.

Los Bautistas Regulares o Particulares se unieron en la Asociación Bautista Filadelfia en 1707. Hacia 1932 la influencia liberal en muchos de los principales grupos confesionales Bautistas llegó a ser tan agresiva que los grupos fundamentalistas se separaron para formar la Asociación General de Iglesias Bautistas Regulares (GARBC). Esta iba a ser una asociación o comunidad de iglesias en lugar de una denominación para mantener la autonomía de las iglesias locales. Durante el Gran Despertar de mediados de 1700 un número de iglesias se separó de sus denominaciones y formó las iglesias Bautistas Separadas. Estas se conectaron a la predicación de Jonathan Edwards (1703-1758) y George Whitfield (1714-1770). El entusiasmo y la llegada de nuevos convertidos en estas iglesias dejaron a muchos de los calvinistas escépticos y críticos de los avivamientos. Los bautistas separados practicaron nueve ordenanzas6 en lugar de las dos ordenanzas practicadas habitualmente por los bautistas. Estos grupos se unieron alrededor del 1800 para formar los bautistas de la unión que más tarde se convertirían en los Bautistas del sur y los Bautistas estadounidenses. Las diferencias fueron mayormente en cuestiones de autonomía, las prácticas de las ordenanzas y a veces cuestiones teológicas como el calvinismo. Sin embargo, muchos se adhirieron a un calvinismo “moderado”, sosteniendo 3 puntos (del TULIPÁN), mayormente el enfoque calvinista percibido sobre la seguridad eterna.

Descripciones Generales

Semejanzas entre los diferentes puntos de vista

Algunas semejanzas entre el calvinismo y el arminianismo, aunque en polos opuestos del espectro, es que ambos se equivocan al considerar la verdad bíblica. En primer lugar, ninguna escuela discierne ninguna diferencia entre la elección de Israel como el pueblo terrenal de Dios, y la elección de la iglesia como el pueblo celestial de Dios. En segundo lugar, ambas escuelas no pasan por alto el hecho esencial de que la elección de la Escritura nada tiene que ver con la elección de individuos pecadores para la salvación, sino que tiene que ver exclusivamente con la elección de los santos para las bendiciones celestiales (Parkinson, 1999, p. 52).

Los reprochantes, partidarios de Arminio, creyeron en la muerte de Cristo como el pago suficiente por los pecados de toda la humanidad. Para un reprochante cada individuo tenía la opción de responder “sí” o “no” al llamado de Dios; pero para el calvinista, era Dios que dijo “sí” o “no” a cada individuo, y Cristo sólo murió para aquellos a quien Él dijo “sí”.

Implicaciones filosóficas o lógicas

El escolasticismo[7] fue introducido en la fundación del catolicismo medieval por Agustín, pero fue Tomás de Aquino el diseñador principal de la formación del clero católico a través del siglo veinte. Durante el siglo diecisiete esta metodología filosófica fue adoptada en el escolasticismo protestante para producir teologías sistemáticas. “Teólogos protestantes, sobre todo calvinistas, usarían métodos escolásticos para inquirir más allá de los textos bíblicos en las intrincaciones y las implicaciones de la teología protestante, sobre todo cuando la elección divina y la voluntad de Dios fueron consideradas” (de la entrada para “Escolasticismo Protestante” del Diccionario Evangélico Conciso de Teología, 1986)

Distintivos Doctrinales

Hermenéutica Deductiva o Inductiva

El enfoque típico para explicar y defender las doctrinas del calvinismo agustiniano se fue el uso de silogismos, que se utilizan para silenciar cualquier oposición, a pesar de que el resultado final puede o no estar de acuerdo con la Escritura. La figura central de la lógica aristotélica fue el silogismo, que según la definición de Aristóteles es: «un discurso (logos) en el cual, establecidas ciertas cosas, resulta necesariamente de ellas, por ser lo que son, otra cosa diferente». La fuerza del argumento es “por virtud del hecho de que no sería posible afirmar las premisas y negar la conclusión sin contradecirse a sí mismo” (Enciclopedia Británica, “silogismo”). Típicamente, un silogismo consta de tres proposiciones, una premisa mayor y una premisa menor seguida por la conclusión de un argumento:                                                                                                                             Todos los hombres son mortales. Sócrates es un hombre.     Sócrates es mortal.

Si las premisas en un silogismo son verdaderas y si su forma o patrón, es válido, entonces la conclusión del silogismo es y debe ser verdad. Sin embargo, no todas las combinaciones posibles de las premisas en esta estructura producen silogismos válidos. Surge la pregunta: ¿Es éste un instrumento válido para la hermenéutica, para la interpretación de la exégesis bíblica? La siguiente es una lógica silogística católica romana:
María es la madre de Jesús.
Jesús es Dios.
Por lo tanto, María es la madre de Dios.

Observe que ambas premisas pueden ser válidas, pero la conclusión resulta en una noción falsa o herejía. Esto debería advertirnos que el silogismo deductivo NO es una herramienta adecuada para discernir y determinar la doctrina bíblica. Por lejos, el enfoque correcto siempre debería ser primero discernir inductivamente lo que dicen las Escrituras acerca de cualquier cosa, y luego formular la doctrina a partir de estas verdades claramente definidas, como Johnson declara en su Hermenéutica Expositiva:

“El estudio inductivo establece un objetivo necesario porque queremos conocer la Biblia.             Un proceso de aprendizaje inductivo es aquel en el que se utilizan los datos de un pasaje      para extraer un significado general. Esto es lo opuesto a un proceso deductivo, en el cual             comenzamos con una premisa o una declaración universal y seguimos hasta sus               conclusiones lógicas de acuerdo con la  evidencia ofrecida en el texto”(Johnson,1990, p.18
En resumen, el enfoque deductivo trae algunas suposiciones generales o presuposiciones al estudio de las Escrituras, no tanto para ver si son verdad, sino para demostrar que son verdad, las cuales la lógica dicta que deben ser. Estas suposiciones se convierten en los principios que rigen en la decisión de los significados de los particulares de las Escrituras o doctrinas. Esto se suele hacer a través de una serie de silogismos aristotélicos. Mucho mejor es el método inductivo que tiene por objeto examinar todas las referencias sobre un tema o asunto específico y luego llega a la enseñanza general, únicamente sobre la base de lo que dice la Biblia acerca de lo detalles. Estos dos enfoques de la hermenéutica han dado lugar a las grandes diferencias dentro de la cristiandad.

La Gracia soberana y los decretos de Dios

Como fue expuesto, el calvinismo de cinco puntos fue desarrollado a partir de la lógica deductiva y los silogismos Aristotélicos. Es un argumento con fuerza, difícil de romper cuando intentamos analizarlo lógicamente. La premisa maestra es la enseñanza agustiniana de los decretos inmutables de Dios o soberanía de Dios. El argumento es este: según Agustín, Dios ha decretado inalterablemente desde la eternidad toda la historia de la humanidad, los acontecimientos, decisiones y destinos. Ya que Dios es soberano, cualquier acto o elección que es independiente de Dios, comprometería Su soberanía. Entonces, cuando un pecador rechaza el evangelio, no es porque el pecador ha rechazado la gracia de Dios, sino porque Dios ha rechazado al pecador. De otra manera, según Agustín, Dios no sería soberano.[8]

“Así que, ¿qué principio general usa Beza como un punto de partida lógico? La respuesta es que él basa su sistema en los decretos divinos de la elección, es decir la decisión divina de elegir a cierta gente para salvación y a otra para condenación. Todo el resto de la teología se ocupa de la exploración de las consecuencias de estas decisiones. La doctrina de la predestinación asume por consiguiente la categoría de un principio controlador” (McGrath, 1994, p. 398).

Se dice que los decretos de la elección divina para la salvación son inmutables. Lewis Sperry Chafer sostiene que la elección “no puede cambiar en la historia de la raza humana. Dios no se adapta a la voluntad del hombre, y de hecho Él sabía todo lo que los hombres harían aún antes de que Él los creara” (Chafer, 1949, p. 10).

¿Podemos decir que las Escrituras hacen una declaración tan indiscriminada? ¿Acaso Jonás creía en los decretos inmutables de Dios, o era su principal problema el hecho de que Dios podía cambiar o posponer su ira contra Nínive? (Jonás 3:10). El hecho de que Dios cambiaría y tendría misericordia era la única razón por la que Jonás no quería predicar a Nínive: ” porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. ” ( Jonás 4:2). La perspectiva que Jonás tenía de Dios no era agustiniana.
En los comentarios introductorios de Edwin Palmer a sus Cinco Puntos del Calvinismo, él describe la premisa fundacional del sistema calvinista: “Para enfatizar la soberanía de Dios aún más, es necesario señalar que todo está preordenado por Dios … Es incluso bíblico decir que Dios ha preordenado el pecado. Si el pecado estaba fuera del plan de Dios, entonces ningún asunto importante de la vida sería gobernado por Dios. ¿Por cuál acción el hombre es perfectamente bueno?… Así, una vez más, confesamos firmemente la soberanía absoluta de Dios. Él predestina, elige, y preordena “(Palmer, 1979, págs. 82-83).

Cinco puntos del calvinismo

Ahora que está claro lo que es la premisa o fundamento del sistema calvinista a partit de la cual se deducirán los cinco puntos, vamos a verlos uno por uno. Lógicamente, la aceptación del primer principio, la depravación total, como se define, requerirá la aceptación de al menos los primeros tres puntos en una cadena lógica. Ellos se alzan o y caen juntos. Muchos dicen que los cinco están inseparablemente unidos entre sí.

Depravación Total

Todos los creyentes en la Biblia sostienen que el pecado ha arruinado totalmente al hombre como portador de la imagen de Dios. Él tiene una naturaleza depravada heredada, innata e ineludible que es propensa al egocentrismo, egoísmo y rebeldía.

Nada en el hombre es aceptable para Dios y no hay excepciones.[9] Pero, ¿”significa” para todo el mundo lo mismo cuando decimos esto? Para el calvinista esta verdad significa mucho más que depravación y pecaminosidad: se la toma para significar la doctrina de la incapacidad total. El Dr. Robert Ketchum, pastor GARB en Waterloo, IA, solía predicar que el hombre está “muerto como un orejón”,10 es decir, todos los hombres son espiritualmente idénticos a un cadáver. A partir de esta analogía nos preguntamos las siguientes preguntas: ¿Tiene el predicar el evangelio a un cadáver alguna esperanza de éxito? ¿Puede la mejor música, ilustraciones impactantes, predicación entusiasta, conseguir algo de un cadáver? Lo único que necesita un cadáver es una nueva vida, y luego la predicación tendrá sentido. Utilizando el silogismo, se nos pide que creamos lo siguiente:

El hombre es totalmente depravado.
Un hombre totalmente depravado es incapaz de hacer algo bueno.
Por lo tanto, el hombre es incapaz de arrepentirse y creer en el evangelio.11

Las dos premisas no conducen necesariamente a esa conclusión, y lo peor ¡no es bíblica! Las Escrituras no enseñan que el hombre es incapaz de creer en el evangelio, en efecto, ¿cómo podría Dios mandar a todos los hombres en todas partes que se arrepientan y crean en el evangelio (Hechos 17:30), si Él hubiera decretado que era imposible para ellos hacerlo? Eso es absurdo e irracional, y lo peor, es un insulto al carácter de Dios. Otro silogismo común es:

Los hombres no regenerados están muertos.
Los hombres muertos son incapaces de responder a nada.
Por lo tanto, los hombres son incapaces de responder al evangelio.

Aquí, la primera premisa es verdadera, dependiendo de la definición de “muerto” En el momento en que Adán pecó en el Jardín, él murió a Dios, su espíritu fue separado de Dios (Efesios 2:1; Isaías 59:2), pero esto no quiere decir que él se convirtió en un cadáver o en un portador de la imagen de Dios no receptivo, no pensante, no comunicativo o poco inteligente. Más bien, significa que él no tenía comunión o parte con Dios, y por lo tanto ninguna comprensión intuitiva de Dios porque está conectada con el Espíritu (1 Corintios 2:10). Tenga en cuenta sin embargo, que su espíritu está muy vivo ya que puede entender claramente a otros seres humanos. Numerosas veces en la Biblia hombres no salvos pudieron comunicarse claramente con Dios. El espíritu del hombre no es un cadáver. Del mismo modo, hasta que el Espíritu de Dios no comienza a comunicarse con el espíritu del hombre, no se entenderán el uno con el otro. Dejado solo el hombre siempre malinterpretará a Dios (Romanos 1). El “poder del evangelio” (Romanos 1:16) es evidente cuando el evangelio es predicado, porque el Espíritu de Dios “reprobará o convencerá” a los no creyentes, “por cuanto no creen en mí” (Juan 16:8-9). Esta obra del Espíritu es preregeneración y es un trabajo de Dios previo a la fe que es necesario para traer a una persona a Cristo (nuestro “ayo para llevarnos a Cristo” – Gálatas 3:24). Se conviene en que, aparte de la predicación del evangelio y la obra del Espíritu, los hombres no serán salvos, pero no hay límite en las Escrituras para convencer al “mundo” de pecado a causa de su incredulidad y esto no requiere de una regeneración previa de la persona para traerla a la fe en Cristo.

Debido a que el calvinista ha sobreimpuesto la doctrina agustiniana de la predestinación absoluta a todos los temas de la Biblia, por lo cual Dios ha decidido por decretos incambiables ó immutables quien será salvo y quien se perderá, entonces usted no puede aceptar que el evangelio sea una invitación genuina a todos los hombres, o incluso que el Espíritu “repruebe o convenza” a todos los hombres que escuchan el mensaje del evangelio. Para el sistema calvinista funcione se requiere una doctrina de la inhabilidad total, no sólo de la depravación total. Otro silogismo se edifica sobre este último silogismo:

Los hombres depravados son incapaces de creer en el evangelio                                                   Pero los elegidos creen en el evangelio.                                                                                                    Por lo tanto, a los elegidos se les debe dar la fe para que crean.

Estos postulados crean otro problema de su propia creación: ¿cómo se le puede mandar a una persona que crea, cuando Dios sabe que es imposible que lo haga? Palmer intenta ocuparse de este problema innecesario: “Esto significa que aunque el hombre es totalmente depravado e incapaz de creer, y que aunque la fe es un don de Dios producido por el trabajo irresistible del Espíritu Santo, sin embargo, le corresponde al hombre el creer. Él tiene el deber de obedecer a Dios y creer” (Palmer, 1979, p. 87). Así, un hombre tiene que creer, ¡a pesar de que Dios ha hecho imposible que lo haga!

Es cierto que el hombre está condenado por su propio fracaso o negativa a creer (Juan 3:18). Uno debe salir del ámbito de la justicia y la experiencia humana para entender cómo alguien podría ser condenado por algo que era imposible que haya hecho, es decir, el hombre debe ser capaz de creer, si Dios lo hubiese hecho creer, de modo que él podría elegir hacer tal cosa. Por otra parte, la condenación (3:19) es sólo porque “la luz vino al mundo, y los hombres amaron (eligieron amar) más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”. Su elección personal ó deseo fue no creer, porque ellos amaron ó eligieron quedarse en la “oscuridad” más que la luz ó verdad. No es que ellos no pueden, es porque no quisieron.

La fe es un don de Dios

Sea cual sea la perspectiva de uno acerca de Dios, se deben entender los pasajes claves. Por ejemplo, en el sistema calvinista, ya que nadie puede creer,  se utiliza Efesios 2:8-9  para explicar que la “fe” es también un don de Dios.  Así es como Palmer explica este pasaje:

“La pregunta es: ¿Es Dios el autor, sólo de la redención o también de la fe? ¿Contribuye Dios con el sacrificio expiatorio de Cristo y el hombre con su fe? ¿O es la fe también un regalo de Dios? ¿Depende la salvación parcialmente de Dios (la entrega de Cristo en la cruz) o totalmente de Dios (la entrega de Cristo para morir por nosotros, más el don de la fe)? ¿Puede el hombre guardarse un poco de gloria para sí mismo – la capacidad de creer?” (Palmer, 1979, p87.)

Palmer descuida uno de los puntos principales de la enseñanza: al basar nuestra salvación sobre nuestra fe en Sus promesas solamente, sin obras, Pablo declara que no puede haber ninguna jactancia, orgullo o auto-justicia, debido a cualquier cosa que hicimos. El calvinista insiste en equiparar la “fe” con una “obra” y puesto que los pecadores no pueden hacer ninguna “obra” para la salvación, entonces Dios tiene que dar al pecador “fe” o este nunca podría creer.

El pasaje debe ser examinado primero.[12]  Somos “salvos por medio de la fe  [Gr. género femenino], y esto [Gr. género neutro] no de vosotros, pues es don [Gr. género neutro] de Dios.” Puesto que “fe”  es femenino y  “esto”  es neutro, ellos no pueden referirse el uno al otro gramaticalmente. Por lo tanto, “esto” se refiere a la idea o concepto de todo el pasaje, es decir la salvación, la cual es el “don de Dios”.

En la Biblia ninguna vez  hay una declaración clara y dogmática de que la fe salvadora sea un don de Dios. Por otra parte, la Biblia establece claramente la forma en que se obtiene la fe: “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios ” (Ro.10:17).  Esta no es un regalo místico, subjetivo que de repente aparece como una epifanía.  Las Escrituras hablan de la fe salvadora, como “tu fe” (Lucas 7:50), “su fe” (Ro.4:5), y “la fe de ellos” (Mt. 9:2); pero nunca como “la fe de Dios”.

Aun cuando la exégesis de Efesios 2:8-9 se entiende que se refiere a la salvación como el don que es ofrecido, los calvinistas siguen haciendo referencia al don de la fe, ya que es esencial para su sistema, aunque la Biblia no lo enseña. El argumento se vuelve un poco “débil” desacreditando el valor de una fe personal como si fuera imposible o peor, algo carnal!  La siguiente es una larga cita de la defensa de Lewis Chafer del calvinismo:

“Ahora bien, esta es la cuestión: ¿quién hace que aquellos que han pasado de muerte a vida, y que ahora están caminando hacia el cielo, difieran de aquellos que todavía están caminando en el camino ancho? ¿Es Dios? ¿o se trata de ellos mismos? Los calvinistas sostienen que es Dios quien hace esta diferencia, los arminianos sin embargo, pueden tratar de ocultar esto, por las declaraciones generales acerca de la gracia de Dios y la ayuda del Espíritu por lo que virtual y prácticamente le atribuyen la diferencia a los creyentes mismos. Dios ha dado suficiente gracia, todo lo necesario para efectuar el mismo resultado en otros, así como en ellos. No hay diferencia en el llamado dirigido a ellos, o en la gracia concedida a ellos. Esto es igual y por igual. Hay una diferencia en el resultado, y de la suficiente y consiguiente igualdad sustancial de la gracia universal concedida, esta diferencia en el resultado necesariamente debe ser atribuída, en cuanto a su causa real adecuada, a algo en ellos mismos, no a la gracia de Dios, no a lo que El les confirió por gracia, sino a lo que ellos por sí mismos fueron capaces de hacer, en mejorar positivamente lo que Dios les comunicó a ellos. Si la gracia suficiente se ha comunicado a todos los que han sido en apariencia llamados, entonces no más de lo que es suficiente es comunicado a los que realmente se arrepienten y creen, pues, afirmar esto, es virtualmente negar o retractarse de la posición que fue comunicada a los que continúan incrédulos y sin arrepentirse, que haya sido suficiente o adecuada contradiciendo así su doctrina fundamental sobre todo este tema. Y cuando la verdadera condición del asunto, y las alternativas reales implicadas, son puestas de manifiesto, no hay dificultad en ver y probar que la doctrina arminiana es inconsecuente con la clara enseñanza de la Escritura, en cuanto a los grandes principios que regulan ó determinan el carácter espiritual y el destino eterno de los hombres, -la verdadera fuente y origen de todo lo que es espiritualmente bueno en ellos-, la real naturaleza de la fe y la regeneración, implicando cambios que los hombres son totalmente incapaces de producir, o aún cooperar, en primera instancia, en, originarlos; son de origen divino, y siendo no sólo la obra de Dios en los hombres, -el don de Dios a los hombres-, -sino también, y más específicamente, como siendo en cada caso el resultado de una operación especial del Espíritu Santo, -una operación representada como algo absolutamente peculiar y distintivo, otorgado a unos y no a los demás, de acuerdo al consejo de la propia voluntad de Dios, y ciertamente o infaliblemente efectiva, doquiera que es conferida, todas esas cosas que acompañan la salvación” (Chafer: 1949, p. 274).

Parkinson señala una gran falacia en este tipo de secuencia lógica: “El calvinista nos dice que aunque el Evangelio hace un llamamiento a todos los hombres a creer, sin embargo, los hombres son incapaces de creer. Esto reduce el Evangelio al mismo nivel que la ley, que ordena a un hombre “no codiciarás”, pero no puede librarlo de codiciar. Debido a la debilidad de la carne, la ley no tiene poder para salvar (Romanos 8:3); pero por el contrario, el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree (Romanos 1:16). El mismo hecho de que el evangelio sea ofrecido a través de la fe, hace que la salvación esté al alcance de todos por Su gracia ” (Parkinson, 1999, p. 69).

Una “fe” válida se basa sobre un conocimiento seguro de algo verdadero, luego en una decisión conciente de depender ó confiar en esa verdad porque esto implica el entendimiento y la disposición a confiar en la Palabra de Dios. Ahora ¿cuál parte de este concepto bíblico es el especial “don de la fe?” ¿Es el oír (iluminación, esclarecimiento, comprensión de la Palabra de Dios) o la confianza (manipulando la mente del hombre para que confíe en lo que nunca confiaría por su propia cuenta?) Totalmente librado a su suerte, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios (Romanos 3:11), pero Pablo concluye con la promesa: “Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán” (Romanos 15:21) . Cuando se les explica el evangelio el Espíritu obra en Su poder.

De acuerdo con el calvinismo, al incrédulo que indaga se le anima a pedirle a Dios la fe para creer. ¿Cómo puede alguien pedirle a Dios algo sin ya tener fe, al menos la fe para confiar en que Él le va a dar la fe para creer? ¿Resulta esto confuso para usted como lo es para mí? En ninguna parte de la Escritura es alguien alguna vez animado a orar a Dios por la fe para creer. Simplemente se le presenta la verdad y se le pide que crea en ella.

Parkinson, señala las contradicciones inevitables al dilema del calvinista en el comentario del Dr. H. Bonar sobre la idea de pedir a Dios por la fe para creer:

En el mantenimiento de la obligación de orar antes de creer, seguramente no se puede afirmar que es su deber ir a Dios en incredulidad. No se puede decir que usted deba ir a Dios creyendo que Él no está dispuesto a bendecirlo, a fin de que, al orar, pueda persuadirlo a que lo haga creer que Él está dispuesto. ¿Ha usted de a persistir en la incredulidad hasta que en algún momento la fe le cae en forma milagrosa, y entonces Dios lo fuerza a creer?  Entendiendo la oración en el sentido escritural, yo le diría a cada hombre que ore así como le diría a cada  hombre que crea; porque la oración incluye y presupone la fe. “Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Pero entonces, el apóstol  añade: “¿Cómo invocarán a Aquel en quien no han creído?”  (El Camino de Dios a la Paz) (Parkinson, 1999, p. 69).

  1. Gordon Olson hace ocho preguntas relativas a la concesión obligatoria de una fe especial solo a los pocos a quienes Dios elige: 1) ¿Por qué Cristo se molestó en dar testimonio y persuadir a los no elegidos? Desde luego, Él            tendría que saber quienes eran los no elegidos y eso sería un esfuerzo inútil ya que Él mismo   antes había decidido que nunca tendrían el don de la fe para creer.                                                   2)  ¿Por qué Pablo se molestaría en utilizar persuasión después de todo? Lucas enfatizó            la persuasión y la confrontación de Pablo predicando con frecuencia en Hechos (17:3-4,     17; 18:04; 19:8-9). Si todo fuera de la concesión milagrosa de la fe por Dios, esta sería      concedida meramente por escuchar el evangelio como quiera que es proclamado, en todo     caso.
  • ¿Por qué Cristo se maravilló de la incredulidad? Si Cristo sabía que la fe no le había sido dada a esa gente de Nazaret (Mr. 6:6) ¿por qué Él se asombró por su incredulidad?
  • ¿Cómo se puede juzgar la incredulidad? ¿Cómo podría la incredulidad o la falta de fe ser juzgada como pecado, si Dios intencionalmente no otorgó el don de la fe al incrédulo? ¿Es la voluntad de Dios que no tengan fe?
  • ¿Cómo podemos explicar los grados de incredulidad que serán juzgados con mayor severidad? Si Dios decide dar fe a algunos de los no elegidos, pero no a otros, ¿cómo podría juzgar con justicia a unos con más dureza que a otros? (Mateo 11:20 y ss.)
  • ¿Cómo puede la actividad demoníaca impedir una obra directa del Espíritu? En la parábola del sembrador Satanás puede intervenir en el proceso de los pecadores viniendo a la fe (Lucas 8:12; también 2 Corintios 4:4). Si Satanás puede impedir la obra irresistible del Espíritu, ¿lo hace esto más poderoso que el Espíritu?

7)  ¿Por qué algunas clases de personas son más difíciles de ganar que otras?  Pablo identificó a los cretenses como un pueblo más difícil (Tito 1:12-13). Hoy en día podríamos identificar           a los musulmanes y las castas superiores hindúes como gente difícil. Si el Espíritu produce       inmediatamente la fe en el corazón de cualquier elegido, sin importar su condición  (un hombre muerto es un hombre muerto) entonces, ¿debería haber diferencia entre                           un musulmán y un cristiano profesante no salvo?

8)   ¿Por qué Dios da el don de la fe a tantos estadounidenses pero a tan pocos libios,
mongoles, tibetanos, afganos, iraquíes, iraníes, turcos, etc.? ¿Es Dios parcial, dando un        trato preferencial a los estadounidenses y menospreciando a los demás grupos? Si la fe y la             regeneración no tienen nada que ver con la instrumentalidad humana sino que son una obra           de Dios, ¿por qué no otorga arbitrariamente este regalo a lo ancho de la población mundial, ya que se supone que todos están muertos por igual? (Olson, 2005, p.228-229)

La cadena de razonamiento utilizada por el calvinista unida a su lógica le mueve más allá de la verdad de las Escrituras. Partiendo de la premisa de la depravación total él deduce la incapacidad total; desde la incapacidad total él argumenta que el hombre no puede creer, que por la incapacidad de creer es imperativo que la fe deba ser un don especial; y que porque la fe es un don especial, el pecador es urgido a pedir a Dios la fe para creer.

Elección incondicional

De acuerdo con la mayoría de los teólogos, los cinco puntos del calvinismo están vinculados y son inseparables, a pesar de que los tres primeros están imperativamente vinculados por la lógica. Por deducción la elección incondicional es la única solución a la depravación total, o más bien, incapacidad total. Palmer lo describe así:

“Si los hombres son totalmente depravados y si algunos se salvan, entonces es obvio que la razón de que algunos se salvan y algunos se pierden es responsabilidad exclusiva de Dios… Y la decisión de en cuales personas Dios obrará, dependerá cien por ciento de Dios, ya que el hombre, estando espiritualmente muerto, no puede pedir ayuda. Esta es entonces la elección incondicional: la elección de Dios no se basa en algo que el hombre haga” (Palmer,1979, p. 25).                                                                                                                                                                            El silogismo que explica este concepto es el siguiente:

Todos los hombres son depravados y totalmente incapaces de creer el evangelio.                                                                                                                                                                             Sin embargo, algunos hombres son regenerados y creen el evangelio. Por lo tanto, Dios debe elegir a cuales hombres regenerar.

Palmer introduce la elección a sus lectores con estas palabras: “preordenación significa el plan soberano de Dios, por el cual Él decide todo lo que va a suceder en el universo entero … Él ha preordenado todo por el consejo de su voluntad: el movimiento de un dedo, el latido de un corazón, la risa de una niña, el error de una mecanógrafa e incluso el pecado.” Palmer continúa para dar la descripción agustiniana de la predestinación: “Mientras que la preordenación se refiere al plan soberano de Dios para todo lo que alguna vez sucede, la predestinación es la parte de la preordenación que se refiere al destino eterno del hombre: el cielo o el infierno. La predestinación se compone de dos partes: elección y reprobación” (Palmer, 1979, p. 24-25).

Parkinson crítica a Jonathan Edwards en su tratado de predestinación llamado La libertad de la voluntad (1754) y sostiene que la doctrina del decreto universal y absoluto de Dios, lógicamente lleva a una elección absoluta, eterna y personal. “Estos términos sombríos pueden sonar como música en los oídos de los elegidos, ¡pero sin duda traen las más oscuras noticias para todos los demás!  La creencia en este sistema tiene graves consecuencias para el evangelio. El calvinista le dice al predicador del evangelio que él no puede saber cuales pecadores en la congregación son elegidos y por lo tanto es libre de rogar a todos. El ha de predicar el evangelio en un lenguaje inclusivo y universal, como si cualquier pecador podría venir, aunque sabiendo en secreto que esto no puede ser así. ¡Pero este no es el glorioso evangelio del Dios bendito!” (Parkinson, 1999, pág. 70).

Esta situación crea un dilema para armonizar las contradicciones inherentes a esta teología. Una vez que una persona acepta la definición agustiniana de la soberanía, que dice que Dios ha predeterminado de forma eterna e inmutable las decisiones y destinos individuales de los hombres, los conflictos entre la soberanía y la responsabilidad humana se vuelven irresolubles, moviendo al expositor más allá de la clara evidencia en las Escrituras hacia la especulación y a la imaginación lógica. Cuando uno lee las Escrituras, no existe tal tensión, ¡porque las Escrituras no aplican la  elección a la salvación de los pecadores, sino a los creyentes y sus bendiciones futuras!

Las Escrituras enseñan que el evangelista debe rogar a los pecadores en nombre de Cristo que ser reconcilien con Dios (2ª Corintios 5:20). La doctrina de la elección incondicional insiste en que Dios tiene decretado desde la eternidad pasada quien se salvará y quien será pasado por alto (arbitrariamente). El mensaje del evangelio de la gracia ilimitada de Dios y el perdón completo de todos los pecados a todo aquel que escucha y cree, es hecho impotente para salvar a los no elegidos.  La crueldad inevitable de la burla de una oferta aparentemente sincera, cuando en realidad no hay ninguna oferta en absoluto, es más que un engaño. Este conflicto es a menudo pasado por alto como una “antinomia”, es decir, una contradicción entre conclusiones que parecen igualmente lógicas. Sin embargo, en las Escrituras no hay tales contradicciones.

En un esfuerzo por resolver este conflicto el enfoque común es el de las “líneas paralelas” o teoría de “las vías del ferrocarril”, es decir, tanto la soberanía de Dios (de acuerdo a Agustín) y la responsabilidad del hombre coexisten en la Biblia, uniéndose sólo en el horizonte lejano de la mente de Dios. Una vía nos dice que Dios, por un decreto irreversible, eterno, e inmutable ha elegido cuales individuos salvar y cuales dejar de lado. En la otra vía, es evidente que Dios, en Su invitación universal del evangelio, ruega a todos los hombres a venir a la salvación y los responsabilizará por su respuesta. Se nos pide aceptar ambas ideas a pesar de que son incompatibles y están permanentemente en tensión. Todo esto es puesto a un costado invocando la incapacidad de lo finito (el hombre) para entender lo infinito (Dios). Sin embargo, el problema no se origina en las Escrituras sino más bien en la teología del hombre.

La doctrina agustiniana de la elección está  en conflicto con la esperanza del evangelio bíblico de la gracia…. Es habitual que los escritores calvinistas, cuando son confrontados con las contradicciones inherentes a su teología, recurran a Romanos 9:20, “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú para que alterques con Dios?” Pero esta réplica de Pablo fue dada en respuesta a la autojusticia del judío que estaba esperando que Dios le diera un trato preferencial. Pablo no quiso decir que Dios podría hacer una oferta sin sentido e insincera de perdón a hombres no elegidos, y que tal acción de parte de Dios sería soberana e indiscutible. Si se piensa que Dios tiene el derecho a hacer tratos de mala fe con pecadores no elegidos, sería tergiversar seriamente el carácter de Dios (Parkinson, 1999, p. 73).

La mayoría de los argumentos calvinistas para la defensa de la elección incondicional fueron dirigidos contra el pelagianismo y el arminianismo, como si fueran las únicas teologías opositoras, cuando en realidad, hay varios puntos de vista opuestos al calvinismo y al arminianismo. Por ejemplo: (1) Que la elección se aplica exclusivamente a los santos y no a los pecadores, al referirse a su increíble futuro con Cristo. (2) La posición amiraldiana, iniciada por Juan Cameron (1580-1625) y Moisés Amyraut (1569-1664) que enseñó una expiación universal o general y una aplicación particular a través de la elección divina. Este punto de vista sostiene que la muerte de Cristo fue por todos los hombres por igual, haciendo a todos los hombres elegibles para salvación, pero la salvación propiamente dicha esta condicionada a la fe individual. Entonces, viendo que nadie iba a creer a causa de su depravación, El eligió ó escogió a algunos para recibir la gracia de creer. Este punto de vista es básicamente, una perspectiva calvinista de 4 puntos, omitiendo la expiación limitada. (3) La posición mediadora ó biblicista (inductiva) que está de acuerdo con la muerte espiritual de los hombres perdidos, pero no con que la primera operación del Espíritu en la vida de una persona no salva sea la regeneración (totalmente basada en la metáfora exagerada de una persona muerta como cadáver, cuando en realidad, el espíritu de una persona perdida esta todavía muy vivo, capaz de comunicarse, razonar y entender) ; sino que esa primera operación es la obra de convicción, iluminación y atracción del Espíritu sobre el no salvo y que va hacia la fe y la regeneración.[13] Este punto de vista permite el libre albedrío, pero no un libre albedrío independiente (es decir, independiente del Espíritu de Dios). Decir que el Espíritu de Dios no puede comunicarse con el espíritu del hombre, a menos que primero sea regenerado es limitar injustificadamente la capacidad de Dios para comunicarse. Numerosas veces en la Biblia, Dios se ha comunicado sin ningún tipo de problema con gente no salva, por ejemplo, Adán después de la caída (Génesis 3) y Caín (Génesis 4).

La salvación sólo puede ocurrir en la presencia de la proclamación del poderoso mensaje del evangelio, porque es ahí entonces que el Espíritu obra (el poder del evangelio) en el pecador, dando convicción de pecado y la comprensión de las promesas bíblicas de la salvación y del perdón. Thiessen lo puso de esta manera: “¿Es la elección el acto soberano de Dios por el cual eligió a unos para salvación sólo sobre la base de la gracia soberana aparte de méritos o acciones del individuo, ó es el acto soberano de Dios por el cual eligió a aquellos que sabía de antemano que habrían de responder a su invitación de gracia? ¿Cuál sería la definición funcional? (Thiessen,1979, p. 257). El sistema calvinista se basa en la lógica deductiva, y cualquiera con la perspectiva de deducir la verdad desde una presunta soberanía absoluta, sólo puede ver un tipo de elección individual, arbitraria e incondicional, como la definición de gracia y el medio de salvación. Cualquier mínimo desvío de este punto de vista se considera un error o prácticamente herejía. Si nos fijamos en algunos de los pasajes claves que se usan para defender el calvinismo podemos ver este punto de vista arbitrario.

Romanos 9

En la epístola de Pablo a los Romanos él escribe de los siete privilegios dados a Israel (9:1-5). Teniendo tales privilegios él no podía aceptar que Israel no creyese. Entonces Pablo explica por qué Dios ha tomado decisiones soberanas (ninguna de las cuales tuvo nada que ver con la salvación de individuos) para elegir a Israel sobre las demás naciones de esa época (como lo hizo con Agar [árabes] y Esaú [moabitas]) para ser el pueblo escogido (la elección) y para a través de ellos traer el Mesías para el mundo entero (9:6-13).

En 9:14-18 la intervención de Dios en la nación de Israel para protegerlos y llevarlos a la Tierra Prometida no tuvo nada que ver con la salvación de individuos. Señaló en cambio como Dios obra a través de las debilidades humanas para lograr su objetivo final de proporcionar al Mesías a través de Israel. Dios tuvo misericordia de Israel (9:16), no porque ellos lo merecían, sino porque Dios eligió bendecir a la nación. Esta misericordia no se extendió a individuos ya que sólo 2 de los originalmente 2 millones de judíos pudieron entrar en la Tierra Prometida, pero la nación entró. Este es el derecho soberano de Dios de elegir a Israel para bendecir al mundo con el Mesías. A Faraón o Egipto, se le ofreció la opción de ayudar a Israel, pero se negó (note que el endurecimiento fue mutuo: una vez que comenzó el rechazo, Dios magnificó sus decisiones endureciéndolo aún más). Esta es la razón por la que el autor de Hebreos nos advierte: “No endurezcáis vuestros corazones…” (3:8, 15).

En 9:19-21 Pablo describe el derecho de Dios para tomar decisiones en cuanto a quienes será dirigido el mensaje del Mesías. Los que serían hallados “culpables ante Dios” (9:19) son los judíos de aquellos días. ¿Podría Israel revertir el plan de Dios para los gentiles? No. En 9:21, el alfarero es Dios y la “arcilla” es Israel (no individuos pecadores, ver Jer.18:4 para un tratamiento similar en el que Dios eligió destruir a la nación en la cautividad).

La “paciencia” o “longanimidad” (9:22) de Dios en este contexto es en el ámbito nacional. Dios ha soportado su rebelión por cientos de años para llevar a cabo su propósito final de proveer la salvación para el mundo. Los “vasos de ira” (9:22) están en contraste con los “vasos de misericordia”(9:23). Esto se refiere a las naciones que “han sido preparadas o equipadas” para “destrucción” o “ruina”, en contraposición a las naciones a las que Dios elige para hacer notorias “las riquezas de su gloria” (es decir, los gentiles,”el que no era mi pueblo” en 9:25). Esta verdad es aún más amplificada en 11:25.  Note que las referencias al remanente que “será salvo” en 9:27-29 son también temporales y nacionales, una referencia a los sobrevivientes que pasan a través del tiempo horrible de la ira de Dios.

Finalmente, la aplicación del capítulo se da en 9:30-31, que describe la oferta de la justicia de Dios a los gentiles (“vasos de misericordia”) por medio de la “fe”, mientras que aquellos (Israel) que trataron de alcanzar esta justicia por las obras nunca la alcanzarían. Esto fue la elección soberana de Dios, pero siempre es global, y en ninguna parte se aplica a la salvación de individuos, excepto cuando Dios está ofreciendo Su misericordia a las naciones gentiles por la fe. En ninguna parte de este capítulo se encuentra la noción de elección y reprobación de individuos.

Sin embargo, dentro de las naciones rechazadas (a saber, Israel), “vasos de ira”, hay muchas personas que son salvas, mientras que en las naciones elegidas, escogidas para bendición (es decir, los gentiles) o “vasos de misericordia”, hay muchos no salvos. Estos son los pecadores a quienes la bendición prometida debe ser llevada.

Otros pasajes

Otro de los pasajes centrales de los calvinistas se encuentra en Efesios 1:4-5. Al lector se le dice que “nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor.”

Este “nos escogió” (eklegomai, tiempo aoristo medio, “escoger para uno mismo “) tiene el objetivo de hacernos aceptables (“santos y sin mancha”) delante de Él. Luego, en 1:5-6 dice “en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.” Dios nos ha “predestinado” (proorisen, aoristo, “predeterminar, decidir de antemano;” de orizo,” determinar, señalar, fijar, designar, declarar una cosa”), es decir, el fin de la vida del creyente está determinado y predeclarado de ser hechos “conformes a la imagen de su Hijo” (ver también 1 Juan 3:2). El término teológico “predestinación” es uno que más bien surge de la traducción de la palabra en latín [predestinavit] que de la palabra griega original. Dios declaró que cada creyente estaría absolutamente seguro de que su fin sería “ser adoptados hijos suyos” y “para alabanza de la gloria de su gracia”. Estos propósitos sucederán con seguridad o la Palabra de Dios fallóLa predestinación tiene que ver con la declaración de Dios de bendiciones futuras que El propone para los santos.

Lo que hay que tener en cuenta es el hecho de que “predestinación” no significa la    redeterminación de Dios desde épocas pasadas de quien será salvo y quien no. La         Escritura  no enseña esto. Lo que sí enseña es que esta doctrina de la predestinación se         refiere al futuro de los creyentes. Predestinación es la determinación divina de la gloriosa     consumación de todos los que través de la fe, se rindieron para venir a ser del Señor. El ha     determinado de antemano que cada hijo de Su voluntad alcance la “adopción” o “o el            posicionamiento como hijos” en su resurrección, cuando Cristo regrese. Se ha      determinado de antemano que todos los que son de Cristo, sean conformados a Su imagen Romanos 8:29, Efesios 1:5) “(Lockyer, 1977, p.153.)

Palmer considera Juan 6:37-39 como “nada más que elección incondicional.” Cuando los Judíos vieron el milagro de la alimentación de los cinco mil, quisieron hacer rey a Jesús por la fuerza (6:15). Estos hombres no mostraron ni arrepentimiento ni fe, en realidad, estaban interesados solo en el alimento físico (v. 26). Jesús les dice la única manera en que pueden ser aceptados: “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (v. 29). Los que vienen de esta manera pueden reclamar las palabras del Señor para sí mismos: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.” (v. 37).

¿Cómo llegaron estos hombres a ser “lo que el Padre me da”? Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna”. La razón por la que se estaban perdiendo la bendición fue: “Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis”(v. 36). Su problema fue incredulidad, no el ser reprobados desde la eternidad o excluidos de la promesa por un decreto eterno. De acuerdo con los calvinistas, el Señor estaba reprendiendo su incredulidad, ¡mientras que a sabiendas, les negó el don de la fe, y eso debido a su decreto eterno! Esto es como condenar a una persona por ser ciega, pero que en primer lugar fue creada ciega.

Otro pasaje que supuestamente da soporte a la posición calvinista es Juan 10. Jesús
como el pastor dijo, “las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.” (10:3). Cuando Jesús vino al mundo nadie lo conoció . Cuando vino a su propio pueblo, no lo recibieron. Pero ya había algunos en Israel que eran fieles creyentes en Dios, antes de saber nada acerca de Jesús. Pero cuando lo vieron y lo escucharon, lo reconocieron y le siguieron.[14]

La enseñanza del pasaje no es que las ovejas aquí eran “pecadores elegidos”, sino más bien, que ellos ya creían en Dios, quienes, al oír a Jesús, lo reconocieron como el Cristo y le siguieron.

Jesús no estaba insinuando que el resto nunca podría llegar a ser de sus ovejas, porque, dijo: “pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”(10:26-27). Él inició esta conversación con una invitación abierta: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo…”(10:9). El no excluyó la posibilidad de que pudiesen llegar a ser de sus ovejas, de hecho, Juan pasó a narrar el hecho de que algunos siguieron a Jesús hasta Perea y allí creyeron en él (10:40-42). Ellos no llegaron a ser Sus ovejas hasta más tarde, por lo tanto en algún punto en el tiempo aquellos que son de sus ovejas no eran todos elegidos de Dios.                                                                                                                                                               Parkinson hace una distinción entre aquellos que ya eran creyentes en Dios y los que todavía eran incrédulos en Juan 17. Jesús dijo que ellos ya eran creyentes en Dios (“tuyos eran, y me los diste”, v. 6) y el Padre le dio estos primeros creyentes a Jesús. Luego él oró por aquellos que vendrían a ser Sus seguidores: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (17:20).

No hay un paralelo entre Cristo no orando por el mundo y la supuesta idea de que Él no murió por el mundo entero. No era porque no quiso que el mundo se salve. De hecho, El lloró por la incredulidad de Israel (Mateo 23:37)  ¿Fue Él, la causa de su incredulidad? En la cruz oró por los no creyentes (Lc. 23:34) que su Padre no los juzgue inmediatamente. Él dijo en Juan 17:9 “no ruego por el mundo” que llegaría ser una gran cantidad de personas, porque él estaba orando por sus actuales discípulos para que sean protegidos, guardados de Satanás, para que sean santificados, unificados y eventualmente glorificados. Más adelante en el capítulo Él oró por los que más tarde iban a creer a través de su testimonio (17:20).

Dado que todo el sistema calvinista se basa en la lógica aristotélica en lugar de la investigación bíblica inductiva, entonces lo contrario de la elección para  salvación debe ser una elección para reprobación, o doble elección / predestinación. Berkhof declara, “La doctrina de la reprobación naturalmente sigue a partir de la lógica de la situación. El decreto de elección, inevitablemente implica el decreto de reprobación. Si el Dios infinitamente sabio, poseedor de conocimiento infinito, eternamente ha propuesto salvar a algunos, entonces Él también ipso facto se propuso no salvar a otros. Si Él ha escogido o elegido a algunos, entonces él ha por ese mismo hecho también rechazado a otros”(Berkhof, 1994, p. 117).

Lógicamente no hay refutación, pero escrituralmente hay problemas. Si uno parte de la suposición agustina (Dios predetermina el destino inmutable de todos los hombres por decreto) entonces muchas Escrituras tienen que ser torcidas de su significado. Sin embargo, la elección y la predestinación en las Escrituras se refieren a los santos en Cristo y a los propósitos que siguen a su salvación, no se refiere a como los pecadores vienen a Cristo para salvación. La voluntad de Dios es clara en 1 Timoteo 2:3-6, “… Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.”

La doctrina calvinista de la elección se basa en estrechas presunciones agustinas
apoyadas por silogismos aristotélicos, los cuales han conducido a una limitación lógica del sacrificio de Cristo.

Expiación Limitada

La lógica deductiva continúa con la hipótesis que se atribuye a un monje benedictino del siglo IX: Godescalc de Orbais. Su silogismo de la expiación limitada es como sigue:

Dios ha predestinado a los no elegidos a la condenación eterna.  Si Cristo murió por ellos, Su muerte habría sido en vano.     Por lo tanto, Cristo no pudo haber muerto por los no elegidos.

Como es típico en una teología basada en la lógica, es fácil suponer que algo es verdadero o añadir a la revelación dada un concepto que se deduce pero que el texto no dice . En ninguna parte, las Escrituras declaran que Cristo murió solamente por los elegidos. En el Antiguo Testamento, la sangre del cordero fue derramada sobre el propiciatorio, que cubría el Arca del Testimonio (Ex. 25:22) para toda la nación de Israel. Dios estaba satisfecho, de modo que los reclamos de justicia que reclama su santidad habían sido suplidos (en símbolo, que apunta al perfecto sacrificio del Cordero de Dios). Es Cristo mismo quien vino a ser el propiciatorio, o la propiciación. Juan escribió: “Y él es la propiciación [sacrificio expiatorio] por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo“(1 Juan 2:2).  En el Léxico de Vine, en la entrada “propiciación”, él escribe: “Lo que se indica es que se ha efectuado una provisión para todo el mundo, de manera que nadie queda, por predeterminación divina, excluido de la esfera de la misericordia de Dios; sin embargo, la eficacia de la propiciación se hace real para aquellos que creen”.

La oferta ilimitada de la muerte de Cristo es evidente en el uso del NT de la palabra “rescate”. 1 Timoteo 2:5-6 declara que “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,  el cual se dio a sí mismo en rescate por (a favor de) todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”.

Cuando Cristo fue introducido al mundo por Juan el Bautista en Juan 1:29 Él fue llamado, “El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Parkinson cita el Comentario de David Gilliland, en 1Timoteo 2: “El sacrificio de Cristo es tal, que Él ha colocado en el santuario de la justicia eterna un pago infinito que deja en el banco del cielo un crédito eterno que deja a Dios en posición de, con sinceridad y al mismo tiempo con justicia, ofrecer el perdón y la libertad a todos los prisioneros del pecado, sin excepción o limitación”. (Revista del Creyente, febrero, 1999) (Parkinson, 1999, p. 82).

¿Por qué hay tanta oposición al concepto de que Cristo murió por los pecados de todo el mundo? La lógica de Berkhof lo lleva lejos de una comprensión bíblica cuando afirmó: “cabe señalar que la doctrina de que Cristo murió con el propósito de salvar a todos los hombres, como es lógico, lleva a un universalismo absoluto, es decir, a la doctrina de que todos los hombres son salvos. Es imposible que aquellos por quienes Cristo pagó el precio, cuya culpabilidad fue quitada, se pierdan debido a esa culpa” (Berkhof, 1994, p. 395).

Una vez más, Parkinson da una cita útil de J.R. Baker en la Revista del Creyente (abril 1998):

“En la Escritura no todo es compatible con la presunta doctrina de la expiación limitada. El error surge del hecho de que aquellos que defienden esto, tratan con el alcance de la obra expiatoria de Cristo por medio de la lógica humana, argumentando que el Señor Jesús sólo sufrió por los elegidos y que entonces sólo cargó la pena de muchos pecados, siendo éstos los pecados de aquellos que han creído, siendo esos creyentes predestinados desde la eternidad pasada. Ellos argumentan que si el Señor sufrió por los pecados de los demás, entonces Dios, estaría lógicamente privado del derecho de castigarlos, ya que supondría un doble castigo, el substitutorio de Cristo y el meritorio de la persona, del no creyente. Pero aplicar la lógica humana a las cosas divinas es muy peligroso.  Tales pensamientos naturales produjeron herejías como “la madre de Dios” y otros errores de ese tipo. Los sufrimientos del Señor Jesús, no deberían ser considerados matemáticamente” (Berkhof 1994).

Lo inapropiado de la metodología filosófica o lógica utilizada en el calvinismo de cinco puntos para tratar de explicar más de lo que está revelado ó torcer lo que está revelado en la Escritura, de modo que encaje en un sistema hecho por el hombre, es que lleva a la gente lejos de la verdad bíblica hacia la especulación y la filosofía. A pesar de estar preocupados de que Dios malgaste su sacrificio en personas que no les importa o que no puedan responder, los calvinistas han buscado limitar el sacrificio perfecto de un Dios infinito . Sin embargo, la lógica del hombre no tiene poder para limitar un sacrificio infinito. El don de la salvación debe ser pagado en su totalidad antes de que pueda ser ofrecido. Es un regalo totalmente pagado, que se ofrece gratuitamente a cualquier persona que lo quiera.

La idea de que el sacrificio infinito de Cristo sólo tiene el mismo valor, pero no más, que sólo la deuda del pecado de los elegidos, no coincide con la definición bíblica del sacrificio de Cristo. La lógica dictaría que un sacrificio infinitamente valioso nunca podría ser limitado por los pecados del hombre finito. En Romanos 5:15 Pablo escribió que la “gracia de Dios” no es igual o equivalente al pecado del hombre; luego en 5:20 él afirma que cuando el pecado abundó, “sobreabundó la gracia”.  Nunca pretendió ser, ni nunca podría ser limitada, a sólo a los pecados de los elegidos. De hecho, en la cruz se pagó mucho más que la pecaminosidad del hombre, de acuerdo a Romanos 5:20. Así como nosotros esperamos el cumplimiento final de su muerte en la cruz, nuestra redención física, así también espera toda la creación. Su muerte también cubrió la maldición puesta sobre el universo.

Entonces, si no se pagaba en la cruz, la oferta del regalo sería ilegítima. La redención del hombre, de todo hombre, de cualquier hombre, está totalmente pagada, en espera de su aceptación inmerecida. Es absurdo decir que la aceptación de un regalo que ya fue pagado en su totalidad, es una obra de la justicia humana o que tiene algún mérito que puede hacer enorgullecer a una persona.

Gracia Irresistible

De toda la secuencia de la cadena de doctrinas del calvinismo, ésta es la que tiene la menor base bíblica que la apoye. El silogismo del argumento es el siguiente:

Los hombres son totalmente depravados.

Los hombres  totalmente depravados resistirán la gracia.                                                                  Por lo tanto, los hombres deben ser atraidos por una gracia irresistible.

Uno de los textos de prueba es Hechos 16:14, que describe a Lidia “… y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.” Este texto se utiliza para defender la enseñanza de la elección incondicional y la gracia irresistible como si fuera selectiva y exclusiva. Sin embargo, un examen de las referencias a Lidia revelan que ella ya “adoraba a Dios” (v. 14). En lugar de su supuesta “incapacidad total”, ella estaba buscando a Dios, como también lo hizo Cornelio y su familia (Hechos 10:2). Cualquier persona que busca a Dios lo encontrará. De hecho, toda la familia de Lidia creyó y fueron bautizados, así como lo hizo la de Cornelio.

En ambos casos tenemos una ilustración de un pecador que respondió positivamente a la verdad que le fue expuesta y Dios trajo más luz, hasta que él entendió completamente el evangelio, y creyó. La obra del Espíritu en su vida comenzó mucho antes de que él entendió el evangelio y respondió positivamente a cada verdad, pero no hay ningún indicio en las Escrituras que esto comenzó con la regeneración. En cada caso, un testigo dispuesto fue guiado por Dios para ir a esa persona con el evangelio. Esto ha sido el modelo del misionero – Dios moviéndose en el corazón de un creyente dispuesto a llevar el evangelio a personas que nunca han escuchado el evangelio, pero que Dios sabe que están respondiendo a la luz que tienen y están abiertos a más verdad del evangelio. A medida que un misionero responde a la dirección de Dios,

Él lo guiará a la gente que sabe que está abierta al evangelio. Esta es la respuesta a la pregunta “¿qué pasa con aquellos que nunca han oído?”

Berkhof lógicamente hace una diferencia entre los diferentes tipos de gracia y llamado.  Él habla de una gracia universal común, la gracia común general, la gracia común del pacto, y la gracia especial (que es vista como irresistible y es solamente para los elegidos), un llamado externo o general y el llamado interno y eficaz (este es especialmente para los elegidos). ¿Llama Dios a todos aquellos que escuchan el evangelio? En el esquema calvinista hay diferentes tipos de llamados emitidos por Dios. Un lector se pregunta de dónde salió todo esto, ya que no aparece en el texto bíblico. El problema es que si Dios está extendiendo un llamado común, no es una oferta genuina de salvación en absoluto. Esto parece arrojar una plaga seria sobre la integridad de Dios en la proclamación de Su evangelio.

En la parábola del sembrador (Mateo 13:1-23) las diferentes respuestas son atribuídas a los diferentes tipos de terreno [ó personas], no dependen de la semilla o el sembrador. A veces las diferentes respuestas se deben a la preparación del suelo antes de la siembra (“buena tierra ” es receptiva a la semilla-13:23), la claridad del mensaje del evangelio (“no lo entiende” – 13:19), al medio ambiente (“aflicción o persecución” – 13:21) o de los deseos personales (“el afán de este siglo y el engaño de las riquezas “- 13:22). La idea central de la parábola es que el oyente se pregunte: “¿Qué clase de oyente soy yo?”

Ordo salutis

¿Hay una secuencia de eventos necesaria para traer a una persona a la salvación? ¿Puede la lógica determinar la secuencia correcta? ¿Qué viene primero? El concepto de la gracia irresistible lógicamente produjo otra suposición sobre la Escritura: “la regeneración precede a la fe”. En este silogismo tanto la premisa como la conclusión son erróneas:

Las personas depravadas son incapaces de creer el evangelio.   Sólo una persona regenerada puede creer el evangelio.  Por lo tanto, una persona debe ser regenerada antes de que él o ella crean.

Este punto de vista, aunque tal vez sea dictado por la lógica, está lejos de tener base bíblica. Sin embargo, este es el elemento esencial de la posición de los hiper-calvinistas que tiene muchas ramificaciones en el evangelismo mundial. En cada referencia a la salvación, el nuevo nacimiento (la regeneración) está supeditado a la fe o confianza personal. No hay posibilidad de que el Espíritu Santo sea dado a un no creyente que más tarde se convertirá en creyente. La idea de una regeneración inicial del Espíritu Santo antes de que la fe sea ejercitada es totalmente contraria a Efesios 1:13: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”. El elemento cronológico es simple y claro en este pasaje: primero escuchar el Evangelio, entonces la fe y la confianza en el evangelio son seguidas por la recepción del Espíritu Santo prometido (en la regeneración, sello, morada, etc.).

Si la posición calvinista es correcta, ¿debe entonces la regeneración preceder a la fe y el oír?. Así es como un teólogo calvinista describe la conversión: William Shedd escribe en su Teología Dogmática que el pecador no está llamado a creer en el Señor Jesucristo, sino a llevar a cabo las siguientes obligaciones: “(1) Leer y escuchar la palabra divina. (2) Dar aplicación seria de la mente a la verdad. (3) Orar por el don del Espíritu Santo para convicción y regeneración “(Shedd, 1980, pp. 472, 512, 513).

¡Así al pecador se le dice que ore en vez de creer! Este es un evangelio totalmente diferente. En ninguna parte se manda a los pecadores a orar en la incredulidad y pedirle a Dios por el don de la fe. La fe viene del oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17), y la comprensión de esas palabras (Mateo 13:23), después, se cree con el corazón (Rom. 10:10) y así el pecador recibe la justicia de la salvación por la fe (Ef. 2:8-9).

Por otro lado, Mark Snoeberger, del Seminario Bautista de Detroit,  intenta definir el significado de la regeneración, la vida nueva, la vida eterna, la nueva creación y la salvación, equiparando básicamente todas las obras del Espíritu a la regeneración, poniendo a ésta primero en el orden en el cual somos salvos:

La única solución que sobrevive al escrutinio teológico es que la iluminación es la regeneración de la mente, y como tal, la regeneración y la iluminación ocurren simultáneamente. La ubicación de la fe, lógicamente antes de la regeneración en el ordo salutis (el orden de la salvación) ha sido una posición prominente sino dominante entre los evangélicos desde los inicios del fundamentalismo. Y, ciertamente, una lectura superficial de algunos textos lleva a esta conclusión. ….En vista de estas dos líneas de evidencia, ubicar lógicamente la regeneración antes de la salvación por fe emerge como la mejor solución en el establecimiento de una teología coherente con el ordo salutis (Snoeberger, 2002, p. 93).

Al redefinir el término “iluminación” haciéndolo igual a la regeneración, él mueve la regeneración posicionándola como el primer acto de Dios en la salvación del pecador “muerto”. El hecho es que una serie de transformaciones ocurren instantaneamente en el pecador, la persona que reconoce sus pecados (“la ley ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo” – Gálatas 3:24), lo cual es seguido por la fe (“pero venida la fe” – Gal 3:25), lo que resulta en convertirse en “hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (3:26).

La intensa especulación para apoyar un sistema teológico determinista que depende más de la especulación que de una buena exégesis es un error, especialmente uno que ha creado tal controversia desde que empezó, y que ha sido un juego mental para excusarnos a nosotros mismos de la responsabilidad de alcanzar  el último grupo de personas no alcanzadas en la tierra. Si Dios puede regenerarlos sin nuestra participación (“para que Él reciba toda la gloria”) entonces llega a ser un desafío encontrar la motivación para hacer los sacrificios necesarios para llevarles el evangelio .

Perseverancia de los santos

El impacto más importante del enfoque de la teología calvinista ha sido el énfasis en la “seguridad eterna”, que supuestamente se ve en la Perseverancia de los santos. El tema fundamental ha sido “una vez salvo, siempre salvo”. Sin embargo, el concepto no es la Preservación de los santos, sino la Perseverancia de los santos. El significado es que “el creyente perseverará en confiar en Cristo como Salvador… De modo que siempre será salvo “(Palmer, 1979, p. 68). Un texto común para probar este concepto es Mateo 24:13, “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” En el contexto, este pasaje se está refiriendo a soportar hasta el fin de los tiempos cuando Cristo volverá para ser “librado” (“salvado”) de los días de ira que caerá sobre la tierra.

Cuando uno mira de cerca a esta doctrina se hace evidente que no es lo que parece ser. Decir que un verdadero cristiano debe perseverar en su fe hasta el final de su vida crea una serie de problemas. John Murray declara que la posición reformada está determinada por los pensamientos y las acciones del creyente y sostiene que: “Es absolutamente falso decir que un creyente está seguro totalmente sin consideración de una vida subsiguiente de pecado e infidelidad. La verdad es que la fe en Jesucristo es siempre respectiva de la santidad y la fidelidad ” (Murray: 1955, p.154).

Un número de calvinistas (Charles Horne, Bushwell) afirman que 1 Pedro 1:5 apoya esta idea de perseverar hasta el final de la vida, pero parecen perder el punto de que “la salvación está lista para ser revelada en el último tiempo” en su lugar dicen que “depende de la continuación de la fe y tiene que ver con el juicio de los cristianos con respecto a las recompensas futuras por la obediencia. El pasaje de ninguna manera tiene que ver con la determinación del lugar de destino eterno final de un creyente. Cuando el calvinista o el arminiano fallan en distinguir perseverancia de preservación o cuando equiparan la posesión de la vida eterna con éxito en seguir al Señor, el lector (u oyente) es llevado a la conclusión de que el uno depende del otro, y que por lo tanto, para terminar con éxito a lo largo de la vida es un  requisito necesario de un proceso continuo que determina la salvación eterna del creyente. Por lo tanto, si nosotros no perseveramos ahora, Dios no nos preservará eternamente. Y si Dios no nos preserva eternamente, no perseveraremos ahora. Esto es simplemente una inclusión de esfuerzo humano en la fórmula con base bíblica que sostiene la salvación por sola gracia, a través de sola fe, en solo Cristo. (Badger, 2003, p. 32).

Puede parecer una cuestión inocente, pero cuando todas las Escrituras no son tenidas en cuenta, entonces todo cae en saco roto. Por ejemplo, Dios podría dar una disciplina a creyentes, que podría resultar en su muerte prematura (“hay pecado de muerte” en 1 Juan 5:16), como en el caso de Ananías y Safira (Hechos 5:1-11). El verdadero fundamento de la seguridad, es la obra terminada de Cristo en la cruz como se revela en la Palabra de Dios y apropiada por la fe personal. Parkinson, lo resumió de esta manera: “La sangre de Cristo me hace salvo y la Palabra de Dios me hace seguro”. pero el calvinista, en lugar de descansar sobre esta roca sólida, insta a mirar a su propia perseverancia como la base de su seguridad” (Parkinson, 1999, p. 88).

G.R. Elton, en la Reforma de Europa 1517-1559 es citado por Parkinson al decir, “Calvino no considera a los elegidos, como los santos en la tierra, o piensa que la convicción de elección es una prueba de ello, sólo Dios sabe a quienes Él ha elegido, aunque el decreto es irreversible y los elegidos no pueden caer de la gracia. Sin embargo, puesto que nadie sabe de qué lado de la moneda está, todos los hombres deben vivir en esperanza antes que con certeza de salvación “(p. 88). Él va a declarar que Calvino estaba siguiendo a Agustín en este punto, quien había enseñado que nadie sabía a ciencia cierta si se le había dado el don de la perseverancia hasta que había perseverado hasta el final de su vida.                                                                                                                                                                                             El silogismo que se aplica a este concepto es el siguiente:

Los elegidos exhiben ciertos signos que acompañan a la salvación.

En este momento, yo muestro estas señales.

Por lo tanto, siempre que persevere, yo estoy entre los elegidos.

Las implicaciones de este punto de vista llevan rápidamente a un camino oscuro de introspección, auto-justificación, legalismo y una esperanza basada en obras para la salvación eterna. El arminiano enseña que una persona puede ser salva, y luego caer y perderse. Los calvinistas refutan esto con la enseñanza de que un verdadero cristiano no puede perder su salvación, pero debe, inevitablemente o necesariamente, perseverar en su fe hasta el final de su vida, o es evidente que nunca tuvo una salvación genuina. La conclusión es que hay muy poca diferencia en la práctica entre estos dos puntos de vista. Un punto de vista dice que usted puede perder la salvación, el otro dice que nunca la tuvo. En lugar de confiar en las promesas de Dios que generaron su fe, el calvinista busca signos en su vida para indicar a sí mismo y a los demás que es uno es de los elegidos. Sin embargo, se mire por donde se mire, esto hace que la salvación final esté condicionalmente basada en la perseverancia.

Como resultado de esta doctrina nadie puede realmente saber quién es elegido, llamado, justificado. Parkinson cita a Michael Eaton, en Una Teología de Estímulo en la que describe a muchos sinceros cristianos calvinistas que se ven atormentados por las dudas.

“Ya he instado a que la introspección está implícita en muchos aspectos de la doctrina reformada de la gracia en el calvinismo tardío. Ahora quiero subrayar el hecho de que sigue la más intensa introspección, donde todos o muchos de estos énfasis se combinan. Si Cristo no murió por todos, y si es posible tener un dolor por el pecado que no es verdadero arrepentimiento, una fe que no es verdadera fe, una posesión del Espíritu, que no está a la altura de la verdadera regeneración, si a pesar de todas y cada una de las “experiencias” del evangelio hay un camino al infierno aun desde las puertas del Cielo, si Pablo mismo temió perder la salvación, entonces ¿qué queda de la seguridad del calvinista? Ha muerto la muerte de un millar de requisitos” (p. 23).
John Murray defiende la posición de la perseverancia de los santos en contra del abuso del concepto “una vez salvo siempre salvo” en los días de los antinomianos:

“Decir que un creyente está seguro sea cual fuere el grado de su adicción al pecado en su vida subsiguiente, es abstraer la fe en Cristo de su misma definición, y sirve a ese abuso, que convierte la gracia de Dios en libertinaje. La doctrina de la perseverancia es la doctrina de que los creyentes perseveran…. No es en absoluto que se salvarán independientemente de su perseverancia y su continuidad, sino que ellos perseverarán con seguridad. En consecuencia, su seguridad de la salvación es inseparable de su perseverancia. ¿No es esto lo que dijo Jesús?  “El que persevere hasta el fin será salvo.” No nos amparemos entonces en nuestra pereza o nos estimulemos en nuestra lujuria, a partir de la abusada doctrina de la seguridad del creyente. Pero apreciemos la doctrina de la perseverancia de los santos y reconozcamos que nosotros podemos considerar tener la confianza de nuestra seguridad en Cristo sólo en tanto perseveremos en fe y santidad hasta el fin” (Murray, 1955, pp. 154-155).

¿Quién puede argumentar en contra de estos objetivos, sin razonar que el único creyente realmente salvo es aquel que llega al fin de su vida siendo fiel y obediente? Desafortunadamente esta no es siempre la forma en que los cristianos terminan en las Escrituras. El mismo hecho de que hay varios cientos de mandatos y exhortaciones en el Nuevo Testamento implica que no hay una marcha automática que pone a todos los creyentes en una única ruta instantánea de santidad. La Biblia sitúa la responsabilidad para el crecimiento, la obediencia y el discipulado en el creyente y no depende de ninguna intervención sobrenatural o mística de parte de Dios para asegurarse de que el creyente persevere. La fusión del Espíritu Santo en nuestro ser proporciona el poder para la victoria sobre el pecado pero requiere de nuestra rendición, sumisión y disciplina (Romanos 8, y 12). Los pasajes de juicio dirigidos al creyente, le advierten de disciplina en el tiempo presente (Hebreos 12:6-8), la promesa de un nivel especial de recepción en el cielo (2 Pedro 1:11) y la rendición de cuentas ante el Tribunal de Cristo (1 Corintios 4:5, 2 Corintios 5:10). Esto afectará de alguna manera la posición eterna en el cielo, pero en ninguna forma es el fracaso en la vida cristiana una indicación de no haber sido salvados.

Hay una línea delgada entre la perseverancia en la santidad para estar seguro de la salvación y el esforzarse por lograr santidad para ser digno de la salvación como una forma de ganarla. El mensaje del evangelio (que la vida eterna se obtiene gratuitamente, en forma segura e inmediata por medio de la fe en Cristo) se vuelve confuso y poco claro, creando miedo al infierno, antes que paz con Dios y la creencia de que si uno es suficientemente bueno hasta el fin lo logrará.

Un entendimiento no claro del Evangelio motiva una adoración superficial y un culto religioso con la falsa esperanza de impresionar a Dios con la devoción de uno.

El creyente calvinista vive en un estado de incertidumbre: ¿perseverará fiel hasta el fin? El calvinista que goza de la plena certeza de su salvación lo hace a pesar de su sistema de teología. Si la salvación es todo un proceso que no se completa hasta el fin de la vida, no puede haber seguridad inmediata, sino sólo un pensamiento de esperanza

Resumen

El calvinismo contiene abundantes verdades que apuntan en la dirección correcta, pero lamentablemente, el principio gobernante del sistema no es la exégesis cuidadosa del estudio inductivo. Más bien el pensamiento conductor del calvinismo es la injustificada lógica aristotélica deductiva que tergiversa las verdades de la Palabra de Dios en algo diferente, combinado con la teología determinista de Agustín. La Biblia enseña que el hombre está corrompido y separado de Dios debido a la culpa de su pecado personal y la naturaleza pecaminosa, pero no enseña que el hombre sea incapaz de creer en el evangelio cuando lo oye. La Biblia enseña que el hombre se salva por la gracia de Dios mediante la fe, pero no enseña que la fe es un don concedido a unos pocos elegidos y negado a los demás. La elección es la posición especial y segura de los santos para bendiciones celestiales, pero nunca se refiere a la selección arbitraria de unos pocos pecadores para vida y el abandono de la mayoría para el infierno. La Biblia enseña que Cristo murió una muerte sacrificial perfecta que no tiene límites en su oferta de los beneficios de Su justicia para todo pecador que confíe en ella. La Biblia enseña que Dios ofrece una salvación perfecta para todos los que escuchan y luego, El trabaja en sus mentes y corazones para traerlos a sí mismo. Debido a que el hombre fue creado a imagen de Dios, aún siendo una criatura caída, Dios le permitió al hombre mantener un libre albedrío, por lo que hace él una oferta genuina de Su gracia a “todo aquel que quiera.” En ninguna parte Dios fuerza o coacciona al hombre a creer irresistiblemente. Por último, la seguridad del creyente es una promesa de Su Palabra, pero nunca dependiente de la perseverancia de los creyentes en la santidad.


                                               Otros puntos de vista
Hipercalvinismo

A pesar de que existe una variedad de diferentes formas de calvinismo desde el moderado hasta el hipercalvinismo, estos se deben a la incapacidad de aceptar las consecuencias de su sistema basado en la lógica. La idea de la doble predestinación es que Dios, por decreto eterno, optaría por salvar a unos pocos, pero de la misma manera predestinaría a la mayoría a ser condenada para siempre. Si uno se aferra a la predestinación como la forma en que Dios elige pecadores para salvación por decreto eterno, entonces por deducción lógica Él ha predestinado al resto para ser reprobado desde la eternidad pasada para la eternidad futura. El desinterés de Dios por los no elegidos solo puede reflejarse en aquellos que vienen a ser como Él.

Calvinismo de cuatro puntos

Una variante del calvinismo es una reacción al aspecto de la expiación limitada, el cual es visto como contrario a las Escrituras, a pesar de que pueda tener un sentido lógico en el sistema agustiniano. Sin embargo, si no hay una oferta genuina de salvación para los no elegidos,

¿que  posible sentido habría para Cristo en haber malgastado Su muerte en los no elegidos, a los cuales El no tuvo intención alguna vez de salvar? De hecho, todo lo contrario, si Él hubiese decretado desde la eternidad pasada que los no elegidos no tendrían la posibilidad de creer, sino que fueron condenados eternamente, entonces Dios no envió a su Hijo a morir por una oferta sin sentido. Estos problemas son resueltos supuestamente por negar este elemento central de la doctrina calvinista. El problema no está en las Escrituras, sino en el sistema teológico impuesto a las Escrituras. Rara vez los expositores de estas posiciones se basan en alguna exposición del texto bíblico, sino que más bien los textos de prueba provienen de la Confesión de Westminster y de los Institutos de Calvino.

Lapsarianismo

En la lógica escolástica, hay dos escuelas de pensamiento respecto a cuando y a quien Dios predestina.  Supralapsarianismo (del latín: supra, “antes de” + lapsare,”caer”) se refiere a la idea de que la caída ocurrió para facilitar la elección de Dios donde predestinó a algunos individuos para salvación y otros para condenación. En este sistema se cree que Dios ha elegido a quienes salvaría, antes de que Él permitió a la raza humana caer en pecado, y que la caída fue, de hecho, la elaboración de una decisión previa de enviar a algunas personas al infierno (los que Él decidió que vendrían a ser los reprobados) y otros al cielo (los que Él decidió que vendrían a ser los elegidos).

Infralapsarianismo (infra “después de” + lapsare “caer”) se refiere al hecho de que la caída fue planeada, pero no con referencia a quienes serían salvos. En este sistema, Dios planeó que la raza caiga en pecado previamente a Su decisión de salvar o condenar a cualquier persona, porque, lógicamente, es necesario primero precisar ser salvo de algo antes de que uno pueda ser salvo. Luego el decreto de la caída debe preceder Su predestinación a la salvación o la condenación.

Aunque esta fue la decisión principal del Sínodo de Dort (1618) con la decisión final de apoyar el punto de vista infralapsario (Primer punto de doctrina, artículo 7), y reforzado en la Confesión de Fe de Westminster (1646), pocos hoy parecen dar a este asunto mucha atención.

Neocalvinismo

Entre los varios movimientos dentro de las iglesias reformadas conservadoras, el neocalvinismo o el “movimiento reformacional” se desarrolló a partir de las teorías del teólogo holandés Abraham Kuyper, quien fue el primer ministro de los Países Bajos entre 1901 y 1905. Luchó por la separación de iglesia y estado, y otras reformas dentro de la sociedad. Él fue parte de una “escisión” de la Iglesia Reformada Holandesa Liberal, que formó la Iglesia Cristiana Reformada en Norteamérica.

Una de las objeciones de Kuyper fue el tema de la gracia divina (habilitación de la gracia de Dios de personas selectas para ser salvas) y el papel del Estado. Él fue el primero en desarrollar el concepto de la “gracia común” desde un punto de vista reformado. Esta fue una gracia que era “común” o destinada para toda la raza humana sin distinción a fin de que puedan controlar relativamente su naturaleza pecaminosa en la sociedad, pero que no mejora la capacidad del pecador de cambiar su posición moral delante de Dios. Esto se convertiría en la “gracia preveniente” en el sistema teológico wesleyano.                                                                                                                                                              Este clase de calvinistas va más allá de la teología y debates abstractos de la Reforma protestante concernientes a la expiación y la vida de la iglesia, tratando de llevar a cabo un cambio cultural y transformación social. Ellos reconocen que la única reforma duradera de los presupuestos filosóficos que están erosionando cada esfera de la cultura deben ser repensada, y que se debe hacer una evaluación integral y una restructuración de todas las disciplinas académicas. Los temas especiales de justicia, protección ambiental, la decencia y la justicia internacionales en lo que se llama “soberanía de las esferas”, son las prioridades.


Implicancias para las misiones                                                                                                                   

¿Hay esperanza para el hombre que está más allá del alcance del evangelio?

La teología que tenga alguien acerca de Dios, el hombre y el destino eterno tendrá un poderoso efecto sobre su comportamiento y motivación. Las Escrituras son muy claras y simples: el hombre ya está perdido y condenado al infierno porque él nunca escuchó y/o creyó en la obra redentora de Cristo en la Cruz; la única esperanza para estas personas es que alguien que conoce el evangelio esté dispuesto a ir, encontrarlos y compartirles las “buenas noticias” para que todo aquel que quiera pueda creer y ser salvo. Dios tendría a cada grupo de personas sobre la tierra con esta opción concedida, si su pueblo tuviera una preocupación por los perdidos como la que tiene Él. (Mateo 24:14). ¿Qué pasa con aquellos que nunca han oído? El Dr.Todd Magnum, Decano de la Facultad y Profesor Asociado de Teología en el Seminario Teológico de la Biblia, está convencido que de acuerdo a la fe reformada hay esperanza para las personas más allá del alcance del evangelio en el día de hoy. Él escribió:

“Yo sostendré que la plena seguridad de la salvación en la presente dispensación está reservada para aquellos que, por el poder divino, se abrazan totalmente a Jesucristo (cognitiva, afectiva y volitivamente), habiendo llegado a una comprensión de la relación salvífica con Dios hecha accesible a ellos a través de la obra expiatoria de Jesucristo en la cruz, los cuales son plenamente asimilados a la comunidad del pacto del pueblo de Dios. Debido a que la plena seguridad de la salvación está reservada para estas personas, los esfuerzos misioneros deberían continuar con el pleno apoyo de la comunidad del pacto con el fin de llevar el evangelio a aquellos que nunca han escuchado su mensaje único. Sin embargo, también sostendré que la Escritura no impide nuestra especulación ni desalienta completamente nuestra esperanza de salvación de algunos que nunca han sido confrontados con las demandas explícitas del Evangelio. Dios puede, a través de medios extraordinarios, aunque plenamente sobre la base de la cruz expiatoria de Cristo hacer el trabajo, conseguir la salvación de algunos que se les niega (epistemológicamente) la plena seguridad de su salvación. Concretamente, afirmaré que Dios puede alcanzar a algunos de ellos: (1) a través de la revelación general (acompañada de una capacidad extraordinaria para discernir sus verdades, que sólo el Espíritu Santo podría proporcionar) y/o (2) a través de una expansión extraordinaria de los parámetros de la comunidad del pacto.” (Mangum, 2004, p. 125).

Si uno se aferra a la doctrina de una gracia irresistible por la cual Dios arbitrariamente puede regenerar a gente que nunca ha escuchado, o tal vez nunca pueda escuchar el mensaje del evangelio, entonces Dios “a través de medios extraordinarios ” podría regenerarlos y hacer que ellos pasen a formar parte de los elegidos. Ya que este pensamiento es deducir de una situación hipotética a otra para construir algo de esperanza donde no hay ninguna, es lógico para Mangum decir: “Yo creo que hay una manera reformada de plantear la cuestión con la que los inclusivistas han estado tan preocupados… podríamos hacer la pregunta de esta manera: “Si Dios tiene a sus elegidos en las partes más remotas del mundo, ¿podría utilizar la revelación general para llegar a ellos?”  Dicho así, me parece que la respuesta de un pensador Reformado tendría que ser más ambivalente. ” (Mangum, 2004, pp 126-27)

A medida que el argumento especulativo sigue con la lógica entrenada de un teólogo, Mangum prosigue a construir su caso para la salvación de los no alcanzados:

“Por supuesto, la gente en las partes remotas del mundo no va a responder a la revelación a la cual están expuestos a menos que el Espíritu Santo obre en su mente y corazón en una manera extraordinaria. ¿Pero no es esto verdad en cualquier caso? Todos los pensadores reformados reconocen que, a menos que el Espíritu Santo invalide, sustituya y transforme la voluntad humana depravada, ni uno responderá. La verdadera cuestión es si Dios necesita  revelación especial para hacer esta obra. Teniendo en cuenta la cantidad de “información” suficiente dada en la revelación general, no es inverosímil pensar que, dada una obra milagrosa en la mente y corazón de una persona en una zona remota del mundo, esa persona podría responder a la información que tiene” (Mangum, 2004, p. 127).

Si la revelación general de la naturaleza y la observación humana llevan a una persona a la conclusión de que hay un Dios que es todopoderoso y personal, ¿podría el Espíritu Santo tomar esa conciencia como el primer paso en la regeneración? Así es como Mangum especula sobre esta posibilidad:

“¿Qué pasa si una persona nunca escucha el evangelio, pero, por un actividad especial del Espíritu Santo (sin saberlo, por supuesto) en su mente, corazón y voluntad, se da causa a lo largo de su vida a estar más y más inquieto con las presuposiciones paganas y las suposiciones de la falsa religión que dominan la cultura en la que nació? ¿Y que si él, quizá en privado, quizá a tientas, con el conocimiento limitado y falible que tiene, empieza a  buscar y adorar a Dios detrás de su malestar, su incomodidad y sus preguntas? ¿Es posible que él pueda encontrar, al morir, que el Dios que él ha buscado y adorado, no obstante torpe e inadecuadamente, no era otro que Jehová, que, por el poder de una expiación provista en un plan Trinitario de reconciliación acerca del cual él era completamente ajeno durante su vida, ha establecido una relación con él, una relación que ahora continuará en la eternidad como la de hijo a Padre? ¿Es esto posible? Quizá. No lo sabemos, es la respuesta bíblica correcta.” (Mangum, 2004, p. 130).

Otro rayo de esperanza para los perdidos aparte de ir a ellos con el mensaje del evangelio sería defender  o “dar fe” de algunos que estaban fuera de la iglesia. Una vez más notemos cuán fácil que es para el filósofo que deduce lógicamente ahondar en la especulación, donde las Escrituras no dan en absoluto tal revelación:

“Sabemos que los creyentes participan en los juicios (1Co. 6:2, Ap. 2:26 27; 3:21; 20:4). ¿Qué pasa si nuestro papel en estos juicios es mayor de lo que hemos imaginado? ¿Es posible que los creyentes tendrán la oportunidad de “responder por” algunos de aquellos que no se unieron de forma explícita a la comunidad del pacto mientras estaban en la tierra, pero que son recibidos en la comunidad del pacto en la eternidad por los miembros del pacto hacia quienes ellos mostraron afiliación por sus favores hacia ellos? Si tal es el caso realmente se ajustaría muy bien al patrón de cómo Dios ha operado en el pasado. Tal extraordinaria expansión de los parámetros de los márgenes de la comunidad del pacto sería coherente con el tipo de extensiones de su gracia que Dios ha aprobado antes.

 

Por lo tanto, no sería demasiado sorprendente que Dios esté complacido en el juicio para otorgar su gracia indirectamente a aquellos “que no eran su pueblo ” a través de aquellos de su pueblo a quienes Él, en esta vida, manifestó su gracia directamente. Dicha extensión no sería algo no planeado por Dios; como Mateo 25:34 deja en claro, los receptores de tal “gracia indirecta” estarían heredando “el reino preparado para [vosotros] antes de la fundación del mundo”. Tal ampliación de gracia podría muy bien sorprender a muchos del pueblo de Dios.” (Mangum, 2004, p. 134)

Algunos autores son demasiado rápidos para ir mas allá de la revelación, especulando sobre lo que ellos piensan que Dios va a hacer en lo que concierne a los perdidos de entre los pueblos no alcanzados del mundo, sin embargo pocos son críticos al respecto ya que estos teólogos son supuestos de estar en lo correcto. Es impresionante hasta qué punto llegan algunos para evitar el problema de nuestra obligación de entregar nuestras vidas para ir a ganar a los perdidos del mundo para Cristo. En lugar de evangelizar a los perdidos, ahora “daremos fe” por ellos en el juicio que se supone que está a nuestro cargo.

“Nosotros no sabemos acerca de aquellos que nunca fueron expuestos a una presentación explícita del mensaje del evangelio. Dios nos ha dado cierto margen para especular aquí. Nosotros no sabemos lo que Él hará, aunque se nos ha dado algunos motivos para tener expectativas tanto pesimistas como optimistas. Él nos llama simplemente a confiar en Él; y no está pidiendo demasiado de nosotros, sea lo que sea que Él decida”. (Mangum, 2004,p. 136).

¿Qué es lo que no “sabemos”? Las Escrituras son asombrosamente claras: “el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18). No hay tal cosa para el incrédulo como el pasar por alto la regeneración, o que somos más compasivos que Dios de modo que podemos “responder o dar fe por” los que no son salvos. Su única esperanza es un predicador que vaya a ellos con el claro mensaje del evangelio y los desafíe a creer en el poder del Espíritu invitándolos a que invoquen a Dios para que sea su Señor y Salvador (Romanos 10:14).

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Footnotes

[1]  Otros términos pueden ser “Moderado” (excepto que esto tiene una connotación “liberal” en los círculos de los Bautistas del Sur) o “neo-calvinistas,” calvinistas modificados,” o “populares” (aunque yo usé este término para  significar lo más y lo menos usado).

[2] Pelagio creyó que el pecado original no afectó la naturaleza humana  y que la voluntad del hombre puede todavía elegir el bien ó el mal sin ayuda divina. El pecado de Adán fue un mal ejemplo pero no hubo pecado imputado a sus descendientes. Jesús fué un “buen ejemplo” así como Adán fue un mal ejemplo. Así, el hombre tiene pleno control y consecuentemente plena responsibilidad por su propia salvación y sus propios pecados. Puesto que el hombre debe llegar a ser lo suficientemente bueno para salvarse, entonces no hay capacidad redentora atribuida a la crucifixión de Jesús.

[3] Los anabautistas ó “rebautizadores”, creyeron que el bautismo debe ser practicado recién después que una persona viene a ser creyente. Para ese momento cada uno había sido rociado ó vertido poco después de nacer, entonces cada uno había sido “bautizado” una vez.

 

[4]  “Hugonote” fue probablemente un apodo del alemán significando “Confederado.” Fue un título político para el intento de conseguir que la ciudad-estado de Ginebra se alinee con la Confederación Suiza. En Francia, los calvinistas aristócratas intentaron destituír los poderes que estaban alineados con los suizos. Tales diferencias políticas y religiosas combinadas, eventualmente provocaron dos centurias de persecución.

[5] La Segunda Confesión de Londres (1677) sólo se diferenciaba de la Confesión de Westminster en la eclesiología.
6 Estas incluyeron el bautismo, la cena del Señor, fiestas de amor, la imposición de manos, lavar los pies, la unción de los enfermos, la mano derecha de la comunión, el beso de la caridad, y la dedicación de niños. Aunque la mayor parte de éstos son prácticas habituales de las iglesias bautistas no son consideradas ordenanza.

[7] Un método y un sistema que pretendía reconciliar la teología cristiana, los padres de la iglesia con la filosofía griega de Aristóteles. Se utilizaron los métodos de razonamiento deductivo y métodos a priori para construir sistemas de pensamiento y teología. Los desacuerdos se examinan a través de una serie de dialécticas, unificando los dos lados de un argumento a través de análisis filológico (examen del significado de las palabras) y de análisis lógico (aplicando las reglas de la lógica), para llegar a una conclusión irrefutable.

[8] Muy preocupante es la similitud del concepto agustiniano de la soberanía absoluta con el concepto musulmán de la predestinación absoluta de Alá tal como se expresa en la canción, “Lo que será, será.” Por lo tanto, “lo que será” es lo que sucede y es la voluntad de Dios ya que Él determinó que iba a suceder y luego hizo que sucediera.

[9] Bastó un solo pecado de Adán para que Dios lo condene y coloque a todos sus descendientes y al universo
bajo la maldición del pecado. Santiago declaró que si alguien es culpable de violar uno de los mandamientos es tan culpable como si los hubiese violado todos (Santiago 2:10).
10  Derivado de Efesios 2:1,5; Col. 2:15, que describen el estar “muerto en pecados.”
11  En las páginas que siguen estos silogismos fueron utilizados por John Parkinson en La fe de los Escogidos de Dios, pág. 66 – 89, en su excelente presentación de las herramientas que se utilizan para convencer a los lectores del TULIPÁN.

[12] Un punto importante a menudo pasado por alto en este versículo es el artículo griego antes de “gracia” en la frase: “Porque por [la] gracia sois salvos” (Ef. 2:8). Pablo no se está refiriendo a una actitud general de gracia, sino a una gracia específica en este contexto, que se refiere de nuevo a las riquezas de su misericordia y la muerte sustitutiva de Jesucristo (2:4-7).

[13] El Espíritu usa la ley como un “ayo” o “tutor” para enseñar a las personas no salvas su culpa delante de Dios de modo que ellos busquen al Señor (“para llevarnos a Cristo”). (Gá.3:24)

[14] Ejemplos podrían incluir a Zacarías, Elisabet, José, María, Simeón, Ana, Andrés, Pedro, Felipe y Natanael – quizá los discipulos restantes de los 12, los 70 discípulos, y los 120 discípulos al final de Su ministerio