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Mayo 23. Haz a Cristo tu Señor y asume las consecuencias

I Pedro 3:15 “sino santificad*~ a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;”

La persecución contra los cristianos es común. Pedro ordenó a sus lectores “No os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis” (3:14).

En lugar de tener miedo, debemos “inmediata y definitivamente poner a Cristo como Señor en nuestros corazones”. Algunas traducciones eligen “santificar”, pero en realidad significa “consagrar, apartar para uso exclusivo”.

Pablo describió esta decisión del corazón: “sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Ro 13:14). Previamente, había ordenado “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro 12:2).

Hacer que la voluntad de Dios sea nuestra tiene mucho sentido porque: “el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (I Jn 2:17).

Mi primera experiencia de campamento bíblico concluyó con una fogata de dedicación. Yo había memorizado un breve testimonio para decir que recién había aceptado a Cristo y que estaba muy agradecido. Todos teníamos un palito de madera para arrojar al fuego, lo cual me parecía extraño.

Cuando era mi turno, otro joven pasó adelante y dijo: “yo acepté a Cristo hace unos pocos meses, y quiero que este trozo de madera signifique mi vida entera. Públicamente, hago saber que no he roto ni una sola astilla de esta madera para guardarla en mi bolsillo, sino que deseo arrojarla entera al fuego, como si fuera mi vida entera, para ser consumida en la voluntad de Dios”.

¡WOW! En ese preciso momento, una vocecita suave me dijo: “Don, ESO es lo que quiero. ¿Estás dispuesto?” En ese instante, entendí, y dije: “Sí, Señor, puedes tomar mi vida entera”.

El corazón es el asiento de nuestras más profundas emociones. Dejar que Cristo reine en el corazón, retira el miedo y lo reemplaza con el deseo de agradar a Dios y obedecer Sus mandamientos, sin que importen las consecuencias terrenales.

Explicar humilde y audazmente cómo Cristo ha cambiado tu vida, es poderoso. ¿Has preparado tu corazón esa historia?

 “Dame sabiduría para hacer que Tú reines en mi corazón, sin que me importe la clase de persecución que venga.  Que esté preparado, por medio de Tu palabra, a hablar de Ti.”

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