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Julio 29. Sean sal y estén en paz los unos con los otros.

Julio 29 Mr9.50 salt pazMarcos 9:50 “Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened~~ sal en vosotros mismos; y tened paz~~ los unos con los otros”.

La sal es indispensable para el cuerpo. Es un condimento de sabor y un preservador de la comida.  Jesús les dijo a sus discípulos, “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mt 5:13).

Ellos debían ser ese elemento sustentador de vida en un mundo moribundo, elemento que atraería al evangelio, y debían preservar a un mundo en descomposición por el pecado.

La sal en Israel provenía del Mar Muerto (o Salado). Esa sal gruesa, impura, que sacaban de los depósitos salinos de las aguas poco profundas, se deterioraría, quedando un residuo de cristales sin sabor y sin valor alguno.

Jesús ordenó a sus discípulos “mantener continuamente la sal en sí mismos”, es decir, su utilidad para el propósito de Dios en el mundo. En el texto anterior había estado hablando de las características de un discípulo.

La metáfora se refiere a los elementos de un verdadero discipulado: obediencia, negarse a sí mismo, humildad, pureza, y disposición a sufrir por el Reino. Tales discípulos alejarían de la corrupción a sus comunidades. Al Dios purificarles a través de la convicción de pecado (por el Espíritu) (Jn 16:8), y al ellos reconocer su necesidad personal de arrepentirse, mantendrían su sabor (utilidad) para Dios.

Su “sal” impactaría en la sociedad y generaría “paz entre ellos”.  Si los discípulos hubieran mantenido fresca su sal no hubieran estado  discutiendo acerca de quién sería el más importante en el reino de Cristo (Mr 9:34).  Cada uno codiciaba ser más importante que el otro (10:35-45).  Estaban perdiendo su sabor.

Pronto se les entregaría la responsabilidad del evangelismo mundial, por lo tanto, era vital la paz entre ellos (Col 3:15).  Para mantener su espíritu de equipo y su vínculo de unidad, Pablo les animó a que “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal” (Colosenses 4:6).

Debemos mantenernos mutuamente sumisos a Su palabra. ¿Acaso el pecado ha corrompido tu sal? ¿Acaso tus intereses te han hecho desinteresado en  la transformación de los demás? ¿Puedes confrontar con gracia?

“Amado Señor, tal como la sal es solamente útil si tiene un buen sabor o preserva la comida, yo solamente puedo ser útil para Ti si poseo los elementos del discípulo.  Ayúdame a ser obediente, humilde, puro y dispuesto a hacer cualquier cosa que se necesite para cumplir Tu propósito.”

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